jueves, 14 de junio de 2007

Faltan 33 días

Y también se cumplen tres días en mi nuevo trabajo. Ha sido una jornada tranquila, de 13 a 19 más o menos. No me lo podía creer... Mañana también se prevé calmadilla (bueno, no muy larga pero sí intensa), aunque de lo que nadie habla es de los días de libranza... como si no los nombraras no existieran, oye. Lo mejor del día ha sido saber que uno de mis compis trabajó en ¡Canal Campero! y en ¡Padres! Conoce a todo el mundo, a mi ex jefa, a A. claro, a M., ¡a gente de cuyos nombres ya ni me acordaba! Luis U. por ejemplo ¡qué personaje! es un tío bien majo, aunque no acabo de entender bien por qué está en todas mis grabaciones, si es casualidad o es que yo grabo muy mal...
Por otro lado, el programa va bien. Los resultados no son malos, y a la gente le gusta... pero al parecer no gusta a quien tiene que gustar. Y eso, ya se sabe, es una mala noticia. Hoy quiero verlo, porque no acabo de saber bien lo que estoy haciendo, y necesito ver si voy por buen camino. Empieza ahora. Hasta luego.

lunes, 11 de junio de 2007

Faltan 36 días

... para volar a Japón. Pero para mis ansiados días de vacaciones y preparativos del viaje, no queda nada, o queda mucho, me queda todo. Vamos, que se acabó, no va a ocurrir nunca. Mañana empiezo en mi nuevo curro. Me esperan días y días de trabajar sin descansar, concretamente 35... un día menos que los que restan para el viaje. O unas horas, porque el 16 es el último programa, y sospecho que acabará de madrugada... a pocas horas de embarcar... Ya me puedo planificar bien. No voy a tener tiempo de preparar más este viaje, no voy a poder leer casi nada más, ni buscar alojamiento ni leer guías, ni hacer nada de nada. Me quedan 35 días de horror, según todo el mundo, al precio de 2200 euros al mes. El día 17 voy a subir a ese avión y voy a dormir durante las 16 horas que dure el vuelo. Luego espero haber dejado atrás todo tipo de estrés, nervios, cansancio y trabajo y lanzarme al mundo nipón de cabeza.

Dicho lo cual... bueno. Creo que me he ido lo más dignamente posible de mi trabajo. Me he despedido con cariño de todo el mundo, de corazón, en serio. Lo he hecho lo mejor posible, he dejado todo más o menos terminado, y creo que he dejado buen sabor de boca. En mi último día de curro he estado allí 14 horas, nada menos. No quiero medir mi esfuerzo en minutos, pero sí que quiero dejar claro que he intentado que todo esto del nuevo curro suene a todo menos a espantada. Que suene a lo que es. A que todos necesitamos trabajar, que las cosas son así, y que a mí esos euros me dan la vida, me permiten irme de viaje con el colchón de ese dinerillo para cuando regrese.

Voy a prepararme un calendario. Necesito visualizar mis próximas semanas.

sábado, 9 de junio de 2007

Faltan 39 días

Ayer tuve una grabación de esas que pueden calificarse sin temor de agotadoras. Además de la tensión y el desgaste que suponen pensar que todo lo que haces puede estar mal y tener consecuencias catastróficas, de lo pequeña que me sentía a ratos (luego, cuando me relajaba, disfrutaba más del trabajo), de tener que combinar mis funciones decidiendo contenidos con las de convencer, dialogar, dar conversación, explicar, jugar, chantajear y suplicar a niños durante cinco horas, se unen las ganas de tener vacaciones.

Cuando llegué a casa eran las doce de la noche. Había quedado a cenar en casa de un vecino que tiene una terraza chulísima para ver el atardecer (ja). Cuando llegué, me habían guardado un poco de carne, había bizcocho y vino, y aunque era noche cerrada y el cielo estaba nublado y sin ninguna estrella, se estaba de muerte en la terraza.

Lo mejor de esta terraza es que se la ha hecho él. Su casa es un piso de menos de 30m2 de tamaño en la parte interior de una corrala. Al ser el último piso, cuando tiró el falso techo de su casa descubrió que tenía mucha altura por arriba. Sobre el piso, en la buhadilla, aún se podía subir otro piso más, pero la inclinación del tejado hacía que más de la mitad de la superficie fuera inaccesible. Había que moverse a gatas. Así que quitó el tejado y se hizo una terracita. Monísima, blanca, con su mesita, sus banquitos, sus plantitas, ganchos para colgar una hamaca, sonido para música y cine, más ganchos para colgar una pantalla de proyección... Si te subes a un banco alto que tiene de madera se ve todo Madrid. Es alucinante. Parece una escena de Mary Poppins. Y lo mejor es que el chico es un cielo, es majísimo. Es amigo de unos amigos, apenas le conozco, pero siempre que nos hemos visto me ha parecido genial. Y ahora además le admiro, porque todo se lo ha hecho él. Es todo un personaje.

Menos mal que hubo un buen cierre para semejante día tan largo.

jueves, 7 de junio de 2007

Faltan 41 días

Para volar a Japón. Sin embargo, el resto de mi cuenta atrás pende de un hilo. Estos 41 días pueden resultar tan diferentes a como los había imaginado... igual me quedo sin Alicante, sin conocer a Celia, sin ver en directo a los Grey Souls en su reunión triunfal tras una década de ausencia, sin txupinzao, sin almuerzo, sin semana en la playa descansando, sin fines de semana con P... sin fines de semana en general. No sé. Y todo por dinero. Una buena cantidad de dinero, eso sí, pero dinero al fin y al cabo. Dinero a cambio de todo eso. ¿Compensa? ¿Puede alguien darme una respuesta?

Es curioso, cuando me han ofrecido renunciar a todo esto a cambio de dinero he pensado que era menos tiempo, me he autoconvencido de que sólo era un mes. Y ahora que los he contado bien, resulta que son casi 40 días. 37 días serán si todo empieza el lunes. 36 en realidad, puesto que todo terminaría el día 16, horas antes de coger el vuelo. No lo veo claro. Creo que puedo equivocarme de lleno. Tengo que calcular mis pasos. Parece una canción de Astrud...

Por otro lado mi día a día es bastante lamentable. Cada vez tengo menos ganas de levantarme por la mañana, de ir a trabajar, de salir deprimida, de creer que no avanzo, de intentar hacer las cosas bien y agarrotarme por completo, de creerme peor de lo que soy. Para colmo hace calor y yo estoy acatarrada, la gente va por la calle en tirantes y yo me abrigo con chaquetas y cazadoras, no abandono los vaqueros ni he estrenado las sandalias, es como si el verano que ya ha llegado no fuera conmigo. Y encima la lista de cosas que tengo que hacer sigue creciendo, y todas esas cosas cuestan dinero. A saber:

1.-Llevar el coche al taller. Hoy me han subido de golpe y porrazo el presupuesto 200 euros.
2.-Pagar el impuesto de circulación. Este coche es como un hijo tonto.
3.-Cortarme el flequillo, ¿Alguien me lo haría gratis?
4.-Teñirme las canas.
5.-Depilarme las piernas.
6.-Cerrar una cuenta que tengo hace años en Caja Madrid y que está en números rojos.
7.-Pagar a hacienda. Mierda, qué palo me han pegado este año.
8.-Mover el tema de la subvención para las obras de rehabilitación de la casa. Esto en realidad hará que me den dinero, pero me recuerda que la obra, aún con subvención, nos va a salir por un pico.
9.-Ir al dentista. Creo que lo voy a dejar para septiembre.
10.- Comprarme ropa interior. Menos mal que eso es un regalo que gentilmente se ha ofrecido mi madre a hacerme por mi cumpleaños. Pero lo tengo que adelantar yo...

Estas son sólo 10 de las razones por las que creo que voy a aceptar ese trabajo. Si es que aún estoy a tiempo.

jueves, 31 de mayo de 2007

Ha comenzado la cuenta atrás: quedan 47 días

Me levanto pensando en Japón, y me acuesto pensando en Japón. Lo primero es una manera de hablar, y lo segundo es literal, porque llevo varios días quedándome dormida en el sofá con el ordenador encendido y miles de páginas sobre el tema abiertas, o con la guía de Japón que le regalaron las niñas abierta por cualquer página y apoyada en el regazo, o en la mesilla, o en el arcón...

No dejo de darle vueltas al itinerario, y tengo ganas de fijarlo ya. He descubierto nuevos sitios que podemos visitar, porque 19 días son muchos días. Esta es la lista de los lugares a los que me gustaría ir. Otra cosa es si al final vamos a todos, y en qué orden. Ese es un puzle en el que aún estoy trabajando: Tokio-Niko-Monte Fuji-Kamakura-Kioto-Nara-Hiroshima-Miyajima-Takayama-Shirakawago-Kanazawa. Creo que no me dejo nada. Y a la vez que me dejo muchas cosas.

También me apetece leer sobre Japón. Novelas. Pero ambientadas en Japón. Me han recomendado una autora, Amèlie Nothomb, belga nacida en Japón de padres diplomáticos, al parecer la autora joven más prometedora y prolífica de los últimos tiempos en lengua francesa. Tiene varios libros basados más o menos en su experiencia viviendo en Japón de pequeña y de no tan niña. Como se da la circunstancia de que he vuelto a cogerle el gusto a la lectura gracias a que tengo que venir a trabajar en metro, creo que voy a comprarme algo de ella. Esto rompe mis esquemas de NO GASTAR y de NO COMPRAR NADA de aquí a que nos vayamos (por aquello de la pasta; la broma de Japón nos va a salir cara). Pero tengo otros esquemas relativos a lo mucho que me gusta poseer los libros que me leo, así que he pensado en quitarme de otras cosas y comprarme al menos uno, a ver si me gusta su estilo. Creo que voy a empezar por Estupor y Temblores, un libro sobre lo difícil que debe de ser ser una mujer joven, buena profesional y con prometedora carrera en Japón. Aún hoy, debe de ser una sociedad tremendamente machista.

Por otro lado, tengo que decir que no sólo ha empezado la cuenta atrás para embarcarme rumbo a Japón por 19 días. También para acabar de trabajar después de un año intenso de trabajo (22 días); para ir por fin a conocer a la hija de Sonia (15 dias); para Sanfermines (35 días); para la boda de Amaia (44 días)... Estoy en esas épocas de mi vida en las que me dibujo un calendario donde marco en rojo varias fechas y voy tachando los días que pasan. En cuanto supere la barrera de mayo y empiece junio parecerá que todo empieza a estar más cerca. Y para eso quedan 11 horas y 45 minutos. Ha comenzado la cuenta atrás. 11 horas y 44 minutos... 11 horas y 43 minutos...

martes, 29 de mayo de 2007

Objetivo nipón

Me voy a Japón. Nos vamos a Japón. Salimos el día 18 de julio y regresamos el día 4 de agosto. Nos vamos con dos amigos, Sl e Ik. ya no hay marcha atrás, el billete está pagado y la reserva hecha. Ahora hay que pensar en todo lo demás. Trayecto, alojamiento, transportes y demás. A empaparse la guía que me regalaron las niñas por mi cumpleaños. Y a bucear en internet. Este diario se va a convertir durante mes y medio en el De cómo tres navarros (y un madriñeño) preparan su viaje a Japón.
Japón. Japón. Japón... ¡¡qué bien suena!!

lunes, 21 de mayo de 2007

Como decíamos ayer...

He vuelto a hacerlo. He vuelto a dejar pasar mucho tiempo desde mi última entrada. ¿Seré capaz de ser mantenerme firme y comprometerme a escribir por lo menos una vez a la semana? Por de pronto, déjame que haga memoria y recuerde todo lo que ha pasado desde la última vez que nos vimos (y nos leímos). Comenzó la grabación del concurso. Comnezó, y terminó. Fueron dos semanas intensas, con lloros, nervios y quejas incluidas. Hoy he escrito a P. que sigue allí montando los programas, y me ha dicho que hay tensión en el ambiente. No sé a qué se referirá, pero me ha dado mal rollo.

Puente de mayo de por medio, he vuelto a currar. Después de estar dos semanas de ama de casa, saliendo a pasear, tomando cañas, comiendo por ahí y levantándome cada día no antes de las 11, esta mañana se me ha hecho muy duro levantarme para venir a la oficina. El viernes fue mi primer día, y empezó la cosa extraña. Después de una semana entera esperando que me llamaran para que, parafraseando a Saez, pero al revés, me dijeran que sí a todo, por fin consigo la dichosa confirmación. Dichosa porque en el fondo estaba deseando irme a Japón el mes que viene, pasar todo el verano en Madrid como una reina y en definitiva quedarme en casa sin currar hasta septiembre. Pero no pudo ser, y me contrataron. La incorporación era tal que el lunes. Estábamos a miércoles, con lo que la cosa no pintaba del todo mal. Dos días por delante, más el fin de semana, para disfrutar del paro. Pero las cosas se torcieron, y el viernes a las 11 de la mañana suena el teléfono. Mira que que han dicho veces que lo apague mientras duermo, pero nada. Sonó, y lo cogí.
- ¿Sí?
- Hola, son Fulanitadetal y te llamo para decirte que al final te incorporas mañana.
- ¿Mañana? Pero si es sábado.
- ¿Sábado? ¿Pero hoy a qué estamos?
- A viernes.
- Es verdad. Pues entonces te incorporas... hoy. ¿Por qué no has venido?
- Me dijiste que iba a ser el lunes.
- Ya, pero la directora ha dicho que quiere que te incorpores hoy... así que tendrás que venir, ¿no?
- Bueno, me pasaré a lo largo de la mañana.

Y me pasé. ¿Qué iba a hacer?

Luego pasaron muchas cosas. Pero así, gracioso, un encuentro inevitable que he tenido esta mañana a primera hora con una antigua amistad. Y cuando digo antigua, es muy antigua. Del siglo pasado. Él se llama Extra-pink, fuimos colegas en tiempos, y es cuando menos un poco raro, porque trabaja en mi misma planta, a varias mesas de distancia, pero lo justo para verle pasar cuando entra y sale de un despacho. Me ha hecho recordar muchas cosas, y creo que yo a él también, porque se ha puesto muy contento, y me miraba con un poco de ternura. Normal, vernos es como mirarse al espejo y reconocerse en 1998. Y han pasado tantas cosas desde entonces... me gustaría tomarme un café un día con él y contarnos un poco la vida. Pero no creo que vaya a ocurrir.

Por cierto. Ya tengo 32 años. Lo que son las cosas. ¿Cuántos tendrá ya Extra-pink?