miércoles, 2 de enero de 2008

Lisboa

La penúltima vez que estuve en Lisboa fue en 2000. Era finales del mes de mayo. No recordaba la fecha exacta, pero ha sido sencillo averiguarlo, porque Pearl Jam actuaba allí esos días y estuvimos viéndoles.

Fue una escapada alocada y espontánea. Él y yo nos habíamos conocido en el trabajo, y llevábamos unas semanas de extraño romance. Nuestro turno era incompatible con la vida normal y social, y pasábamos mucho tiempo juntos. Como nuestras semanas laborales eran de seis días y y nuestros fines de semana de cuatro (que al final se quedaban en tres por el consiguiente cambio de turno), me convenció para irme de viaje con él y unos amigos suyos.

Después de dudar hasta última hora me fui con ellos. Alquilamos un coche y allá que nos fuimos. Pasamos unos días divertidos de los que apenas recuerdo nada, tan solo el agua fría del Atlántico, en la que ellos se bañaron y yo me negué a hacerlo; la estancia en Caparica en un hotel extrañísimo anclado en el tiempo, y las noches en Lisboa en el hostal Fluorencente; las vistas desde lo alto del Castillo de San Jorge subidos a un cañón; y el concierto de Pearl Jam, del que nos enteramos poco antes de que empezara, cuando vimos riadas de gente dirigirse al estadio. Se puede decir que tras ese viaje nos hicimos inseparables.

Y siete años y medio más tarde, juntos por supuesto, hemos vuelto a Lisboa.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Llevo una semana en mi nuevo trabajo. Silla nueva, nuevos compañeros, nuevas funciones, nuevos sistemas de trabajo... demasiadas novedades. Nunca me ha gustado la sensación que se tiene cuando se incorpora uno a un equipo ya formado. Éste en concreto lleva más de dos años trabajando, y no sé si porque se aburren, o no tienen nada que decirse, el caso es que no hablan nunca entre sí. Yo, que soy de por sí tímida y no suelo hablar mucho cuando no tengo confianza, me encuentro un poco incómoda preguntando constantemente cómo se hacen las cosas, de qué manera se nombran los videos, en qué carpeta se meten y todo lo que necesito saber sobre unas dinámicas de trabajo creadas sobre la marcha, sin rutinas ni lógica alguna y que sí, acabaré conociendo al dedillo, pero hoy por hoy soy incapaz de entender.

Ya ha empezado noviembre. Se acerca peligrosamente la navidad, y con ella las riñas familiares. Por mucho que la publicidad se empeñe en decir lo contrario, la Navidad es la peor enemiga de las familias. Yo la temo, sobre todo desde que ya no solo pertenezco a mi familia, sino que tengo familia propia, es decir que me he casado con un chico que además, para colmo, tiene su propia familia, lo cual, claro, ha complicado mucho las fiestas, la asistencia a las mismas, digo.

No, gracias a dios en nuestro caso el problema no es "no quiero pasar ni una nochebuena más con tus padres". Su familia es adorable, y él dice lo mismo de la mía, cosa que le agradezco. Nuestros problemas no son porque ninguno quiere pasar la navidad en casa del otro, es más, ambos insistimos en pasarla con la del otro. Por cariño, se entiende, no porque no queramos pasarla con los nuestros, sino porque ambos queremos que el otro y su familia sean felices. Pero aquí hay algo claro: no podemos estar en dos sitios a la vez, llega la obligación de repartirse.

Y claro, luego entra mi hermano, su mujer, y la familia de su mujer... y este año una novedad: su hija, y el deseo de todos de tenerla en casa en esas fechas. Sé que en mi familia esto va a dar que hablar. En la suya pasa lo mismo, tienen un sobrino a repartir entre dos familias, pero ellos son muchos, y siempre hay alguien en casa, aunque falte el sobrino con sus padres. Pero en la mía somos solo dos. Y claro, reñir no reñimos, pero entre tanto reparto siempre sale alguien escaldado, siempre hay quien sale perdiendo en el reparto del tiempo de los suyos, hay quien se pone triste aunque lo disimule... y yo pues también lo paso mal. Porque al final mi decisión afecta a más personas que a mi pareja y a mí. Fundamentalmente, a mis padres.

Y luego hay otro elemento en juego, en el puzle familiar que tenemos a pesar de ser solo dos hermanos. Mi abuelo, 100 años el tío, salud de hierro pero cabeza perdida y deterioro físico evidente. Cuatro piezas a juntar en cuatro ciudades diferentes. Obligaciones y deseos se mezclan y se hacen a veces incompatibles. A ver cómo lo resolvemos este año. Sólo sé que en vez de descansar, las navidades me estresan.

jueves, 25 de octubre de 2007

El principio de muchas cosas...

Después de dos pilotos, horas de trabajo a porrillo, momentos de de incertitumbre, rumores, porras y apuestas sobre en qué va a quedar todo esto, especulaciones, encargos de última hora, duras decisiones finales y algunos disgustillos, parece que mañana grabamos por fin el primer programa, en el que estamos trabajando desde hace tanto tiempo. Y por fin podremos ver andar al niño al que llevamos meses alimentando.

El caso es que para mí va a ser un día raro. Resulta, menuda paradoja, que lo que va a ser el primer programa para todos en mi caso va a ser el último, porque el lunes empiezo en otro. El trauma del traslado va a ser mínimo: me mudo dos mesas más para allá. Pero siempre me han asustado un poco los primeros días en nuevos trabajos, y más aún cuando el equipo ya se conoce ( llevan año y medio trabajando juntos) y yo soy la nueva, la que no se entera de nada, la que no conoce a nadie...

Bueno, eso tampoco es cierto. Conozco a parte del equipo, siempre de otros trabajos. Conozco a dos guionistas, un par de redactores o tres, y al director, que es lo más importante. Fue director mío hace años, en un proyecto del que guardo muy buenos recuerdos y muchas amistades, que me enseñó mucho y que en cierto modo marcó lo que soy ahora y lo que he hecho todos estos años. Él es un tipo encantador... al que no veo desde hace seis años. Mucho tiempo para tirar de nostalgia en las distancias cortas.

Ha sido un cambio no previsto, y bastante precipitado. Mi esposo está muy contento y dice que es muy buena noticia. Dg también. Y la V está como loca, que es perfecto. Poca más gente lo sabe... Yo estoy llena de dudas, como con todo lo que hago. Sin embargo, empiezo a ver cada vez más claro que se abre ante mí una nueva etapa llena de posibilidades de la que puedo disfrutar mucho si me lo propongo, y en la que pueden pasar muchas cosas buenas.

Por de pronto, y coincidiendo en el tiempo, a mi esposo le han cambiado de horario. Ha tenido casi que amenazar pero lo importante es que ha abandonado las noches... por las tardes. Bueno, menos es nada. Por lo menos cenamos juntos... a eso de las 23 horas pero cenamos juntos. Nos vemos, nos acostamos a la vez y en cuanto nos acostumbremos a convivir de nuevo el uno con el otro y a compartir el sofá creo que podremos empezar de nuevo a comportarnos como una pareja. Ni qué decir tiene que estoy feliz. Le he echado tanto de menos...

miércoles, 17 de octubre de 2007

Hace dos meses que no nos vemos

Vergüenza me da entrar en el blog y ver que mi última actualización es ¡de hace dos meses! Y por si no fuera poco, no puedo dejar de admitir que mi intención era contar día por día y a través de fotos las 20 jornadas que pasé en Japón, ¡¡¡y me cansé con la primera!!!

No voy a recuperar trabajos que no hice en su día. Correré un tupido velo y ala, a otra cosa mariposa. Aunque para ser sinceros el comienzo de mi nueva vida se remonta al mismísimo instante en que encendí mi móvil al llegar de Japón. Tiene un mensaje nuevo. "Ratón, llámame, que tengo trabajo para ti". Tres días mas tarde me incorporaba a mi nuevo puesto. Y dos meses más tarde aquí sigo. ¿Sólo dos meses? Bueno, dos meses y unos cuantos cientos de kilómetros en autobús, muchos minutos grabados, horas de trabajos en turnos de mañana, tarde y noche, y algún que otro día festivo trabajado.

Por desgracia, después de tantos esfuerzos invertidos, el fin se intuye cerca, porque al parecer lo que nosotros consideramos un buen trabajo dadas las circunstancias a nuestro cliente, la cadena, no acaba de gustarle. En fin. Creo que no comemos turrón. Es más, me atrevería a decir que en un mes estoy en la cola del paro.

En estos dos meses han pasado otras muchas cosas. Si es que creo que he contado mal, y son más de dos meses los que han pasado desde entonces... en estos dos meses he visto en directo a un grupo mítico, The Police, en un viaje relámpago y bastante divertido que hice con miquique. Súper concierto, súper directo, súper viejunos que están todos pero lo bien que nos lo hicieron pasar, hitazo tras hitazo, que hasta yo, inculta de mí, me sabía todas las canciones. Lo vimos casi desde primera fila, por delante de la segunda barrera de seguridad, sin empujones ni apreturas. Todo un lujo.

En estos dos meses también han bautizado a minisobri. Minisobri está irreconocible, tiene unos mofletes que te hacen olvidar lo pequeña que era cuando nació y unas pantorrillas para mordisquearlas sin parar. También tiene dos dientes pequeños que asoman cuando sonríe, y sonríe mucho. Más que sonreír, se carcajea, se ríe sin parar con todo lo que le dices, especialmente si contiene la letra "i". Es tan simpática que se te olvida lo puñetera y mimosa que es. O la meten en cintura o va a hacer lo que quiera de sus padres. Y tiene solo siete meses.



lunes, 6 de agosto de 2007

Japón. Día 1

Kyoto. B&B Casa Carinho. Regentado por un canadiense ausente y una austriaca triste. Imposible perderse al llegar. La clave está en el banderín de la entrada.

Al entrar hay que dejar los zapatos en la puerta. Como en casi todos los sitios en Japón.


Las habitaciones son estilo japonés. Vamos, que hay que dormir en el suelo.

lunes, 16 de julio de 2007

Último día de la era preJapón

Esta es una entrada in extremis. Ha llegado Juans y me ha dicho que como hace mucho que no escribo casi se le pasa que mañana nos vamos a Japon. Así que en su honor, y para tranquilizar los nervios, voy a hacer mi última entrada de la época preJapon.

Ya no puedo retransmitir esta marcha atrás en días, sino en horas. Mañana a estas horas estaremos sobre volando algún punto del mundo que no me atrevo a determinar. Llevaremos ya diez de las dieciséis horas de viaje hechas. Me llevo una pirula por si me quiero dormir y no puedo, un antifaz, una almohada cervical, un libro, la guía de Japón, un cuaderno, todo lo que creo que me puede hacer falta para pasarlo lo menos mal posible durante un vuelo tan largo.

Nuestro último fin de semana ha sido intenso. El sábado madrugamos lo no escrito para coger un avión rumbo a La Bella Easo, donde nos esperaba Rafael para llevarnos a casa corriendo, que durmiéramos un poco y fuéramos frescos a una boda hipano germana que resultó bien divertida. Al día siguiente nos despertamos a eso de las cuatro con ganas de un chapuzón en la playa. Margarita se había quedado a esperarnos y nos acompañó al barquito que nos llevaría directos a las olas. Allí se encontraría con Rafael, que volvía de tomar las aguas. El sol era abrasador. Cuando llegamos al embarcadero nos cruzamos con la procesión de la Virgen del Carmen. Eran pocos pero bastante entregados. Subieron la imagen de la vigen a un pesquero y se la llevaron esta vez en procesión marítima a dar una vuelta entre cohetes y salves. Cuando llegó el barquito, Rafael no venía en él. Aún así, tal era nuestro afán por remojarnos que dejamos allí a la pobre Margarita pensando que llegaría en el siguiente.

El viaje en barco no creo que llegara a los cinco minutos, y otros cinco separaban el embarcadero de la playa. Nada más llegar me tropecé con una especie de bolardos que pone la autoridad local para delimitar el área de aparcamiento de los coches. Son de cemento y no levantan quince centímetros del suelo, y están puestos a traición. Me chafé un dedo y vi las estrellas. Aún me iba quejando cuando oímos un silbido a nuestra espalda y de repente todos los comerciantes de lazona salieron a todo correr a recoger el género que tenían expuesto en la calle. Todavía no habíamos salido de nuestro asombro cuando una nube de arena se interpuso entre nosotros y el horizonte, y dejamos de ver el mar. De repente, la temperatura bajó un montón, y el cielo se oscurecióEl silbido se hizo insoportable, los árboles se inclinaban, los toldos en las terrazas golpeaban contra las paredes, y las velas de los barcos se agitaban y éstos se bamboleaban hacia los lados con violencia. De camino al embarcadero, la arena se metía en los ojos y picaba al chocar contra las piernas. Después de esperar cerca de media hora cogimos de vuelta a casa. No llegamos ni a pisar la arena. Las galernas del cantábrico es lo que tienen.

Esta mañana hemos vuelto al interior. En estos momentos ultimamos los detalles. Silvi e iñaki han salido de Pamplona hace una hora escasa, y llegarán justo para dormir. Mañana nos levantaremos pronto. A ver qué nos depara el viaje.

domingo, 1 de julio de 2007

Día de reflexión

Es domingo, y me he levantado a las tres de la tarde. Ayer estuvimos en el desfile del Orgullo. Salimos muy tarde de casa, esperando a que bajara un poco el calor. Cuando llegamos a Gran Vía estaba todo tan abarrotado de gente que decidimos bajar a Plaza de España a esperar a las carrozas, pero iban con tanto retraso que allí no llegaba nada. Comenzamos a subir por Gran Vía al encuentro de la diversión, y mientras la esperábamos entramos en un Burger King (error!!) a por patatas fritas. Cuando ya íbamos a pedir (larga espera, por supuesto; estaba petado) nos llama Torner: es hora de irnos al cumpleaños de Luz. No me lo puedo creer: ¿no voy a ver ni una triste carroza? Al final vi dos: la de UGT y la del PSOE (vergüenza debería darles). Y nos fuimos corriendo.

Graciosa, la fiesta, muy tranquila (aunque hoy me he enterado de que duró hasta las 10 de mla mañana). Nuestro nuevo mejor amigo se emborrachó un poco y se puso tibio a comer. Como es alemán, le estuve explicando los distintos modos de pedo: qué es estar pedo, cogerse un pedo, tirarse un pedo, y se arrepintió un poco de no llevar encima la libreta del argot. Cuando nos fuimos intentamos coger un taxi, luego bajamos nuestraaspiraciones a un bus, y al final tuvimos que ir a casa andando. Juans s intentó irse a un garito y cuando llegó no pudo entrar de lo lleno que estaba. Las fiestas del Orgullo Gay se han convertido en algo parecido a los Sanfermines. La plaza de Cibeles estaba como si el Madrid hubiera ganado la liga de nuevo, los buses circulaban un poco escorados de la de gente que iba dentro y las paradas estaban como para quedarte a esperar. Yo iba un poco indignada. Porque vivimos en el centro, pero ¿y si tenemos que ir hasta el Barrio del Pilar?

Mañana comienza la cuenta atrás de la quincena. La lista de cosas que hacer aumenta.

- Pagar el impuesto de circulación (me van a clavar con el recargo por tardona!!).
- Comprar el Japan Rail Pass.
- Pedir yenes.
- Entregar documentación de la subvención para la reforma de la corrala.
- Ir a la pelu.
- Ir a buscar la mochila que me va a dejar Torner para el viaje (he reflexionado, paso de comprarme una).
- Comprarme la ropa interior que mi madre me regaló por mi cumple que fue hace ya 45 días.
- Anular la cuenta de Caja Madrid que tengo ya en números rojos.
- Limpiar la nevera.

Creo que eso es todo. A ver si mañana puedo tachar por lo menos cuatro de los elementos de esta lista. La semana que viene estoy toda de noche, así que lo que no haga mañana dudo que lo haga en otro momento. Por cierto, mis sospechas se confirman. Me pierdo el txupinazo. Ohhh!!!