Ya se han acabado las vacaciones. Bueno, lo de vacaciones es un decir. Han sido las navidades más agotadoras de mi vida. Pero no quiero hablar de ello. Mañana ya hay colegio, que es lo más importante. Colegio para él, porque yo ya no trabajo. Soy un nuevo número en la lista de desempleados (espero que por poco tiempo) y aunque lo que más me apetece es descansar me temo que tengo mucho que hacer. Llegamos hace dos días de tierras lejanas de pasar las fiestas con los abuelos y esas cosas y está todo que da angustia. La casa patas arriba. La nevera vacía. Pelusas en el suelo. Desorden por doquier. Suciedad acumulada. Juguetes y libros nuevos sin sitio en las estanterías. Ropa por todas partes, mucha de ella sucia. La lavadora va a tener trabajo, sí. Qué horror... ¿lograremos salir de este bache? Además, eso es solo lo básico. Luego habrá que entrar en modo avanzado. Odio las épocas de paro porque no tengo excusa para no hacer las miles de cosas que hay que hacer en casa. Porque a eso hay que añadir: cuadros por colgar, cocina que pintar, azulejos que refrotar, armarios que ordenar... y a ratos buscar curro. Por supuesto, las tardes tengo que dedicárselas a un enano con el que he pasado poco tiempo este otoño por culpa del trabajo. ¡Vuelta al parque!
lunes, 7 de enero de 2013
miércoles, 14 de noviembre de 2012
14N HUELGA GENERAL
Hoy es 14N. El ratón y yo nos hemos quedado en casa. El portátil también debe de estar de huelga porque hace cosas raras con los acentos. En mi trabajo creo que solo dos o tres hemos hecho huelga. Todo es respetable, pero no se, a veces me cuesta entender ciertas cosas. Como estamos tranquilos en casa, he pensado que es un buen día para hacer balance.
Estamos a un mes escaso de que acabe 2012. Ha sido un año interesante, no cabe duda. El pequeño roedor aprende cosas nuevas cada dia. El momento pis y caca en el baño como los mayores avanza a pasos agigantados. Come muy bien, salvo momentos puntuales en los que usa la comida como modo de rebelión. Habla que se las pela, no calla. Canta todo el rato. Toca una guitarra que le han regalado sus abuelos. Maneja el patín fenomenal. Hace unos puzzles increíbles. Le encantan los dibujos de Dora y Pepa Pig. Pocoyo ha quedado en segundo plano ya. Es un sol, cariñoso. bueno, juguetón, alegre... todo el mundo le quiere. Y es guapísimo. No lo digo yo. ¡Es un hecho objetivo!
Mientras el crece feliz, nosotros ponemos las barbas a remojar. El año que viene pinta duro. Nunca antes he conocido tanta gente en paro, y con pocas perspectivas de trabajo a la vista. Muchos son compañeros de curro, gente trabajadora y a la que aprecias. No es fácil vivir esto. Te parece injusto por ellos, por su valía. A la vez te da la pista de lo que te espera dentro de mes y medio. Algunos de ellos son buenos amigos, con lo que todo es mas duro aun.
Con el fin de 2012 llega el fin de mi trabajo. Luego, por ahora nada. Puede que sea el momento de reinventarse, de comenzar ese nuevo camino del que siempre hablamos los amigos cuando nos juntamos a cenar y a comentar la jugada, de buscar dentro de cada uno de nosotros y encontrar otra ilusión, otro proyecto, otra manera de ganarse la vida dignamente y a ser posible tambien con cierta satisfacción. Empieza la cuenta atrás. A saber donde estaremos cuando lleguemos al final.
Voy a hacerle un sandwich de nocilla al enano (que para eso hoy es medio fiesta) y nos vamos a la manifestación. Por mi, y por el. Miedo me da el país que le estamos dejando a los niños y los jóvenes.
Estamos a un mes escaso de que acabe 2012. Ha sido un año interesante, no cabe duda. El pequeño roedor aprende cosas nuevas cada dia. El momento pis y caca en el baño como los mayores avanza a pasos agigantados. Come muy bien, salvo momentos puntuales en los que usa la comida como modo de rebelión. Habla que se las pela, no calla. Canta todo el rato. Toca una guitarra que le han regalado sus abuelos. Maneja el patín fenomenal. Hace unos puzzles increíbles. Le encantan los dibujos de Dora y Pepa Pig. Pocoyo ha quedado en segundo plano ya. Es un sol, cariñoso. bueno, juguetón, alegre... todo el mundo le quiere. Y es guapísimo. No lo digo yo. ¡Es un hecho objetivo!
Mientras el crece feliz, nosotros ponemos las barbas a remojar. El año que viene pinta duro. Nunca antes he conocido tanta gente en paro, y con pocas perspectivas de trabajo a la vista. Muchos son compañeros de curro, gente trabajadora y a la que aprecias. No es fácil vivir esto. Te parece injusto por ellos, por su valía. A la vez te da la pista de lo que te espera dentro de mes y medio. Algunos de ellos son buenos amigos, con lo que todo es mas duro aun.
Con el fin de 2012 llega el fin de mi trabajo. Luego, por ahora nada. Puede que sea el momento de reinventarse, de comenzar ese nuevo camino del que siempre hablamos los amigos cuando nos juntamos a cenar y a comentar la jugada, de buscar dentro de cada uno de nosotros y encontrar otra ilusión, otro proyecto, otra manera de ganarse la vida dignamente y a ser posible tambien con cierta satisfacción. Empieza la cuenta atrás. A saber donde estaremos cuando lleguemos al final.
Voy a hacerle un sandwich de nocilla al enano (que para eso hoy es medio fiesta) y nos vamos a la manifestación. Por mi, y por el. Miedo me da el país que le estamos dejando a los niños y los jóvenes.
martes, 23 de octubre de 2012
Gracias por insultarme en mi casa
Hace ya dos años de esa entrada. En este tiempo han cambiado bastantes cosas en mi vida. Más de 700 días después ya no tengo un bebé lloroso aprendiendo a vivir, ni tanto déficit de sueño como antes, sino un niño ya mayor, hermoso y charlatán, y una vida más o menos normal. He cambiado nueve veces de trabajo, he pasado por todos los turnos laborales del mundo, he disfrutado de vacaciones y he trabajado en festivos, eso es mi vida normal. Mi hijo por su parte casi ha doblado su peso y mide cerca de un metro, habla como un loro y come bastante bien, aunque como buen niño tiene sus momentos. En esos momentos sigo preocupándome, sigo buscando soluciones sin encontrarlas, sigo pasando mal rato y si me pilla cansada y desbordada me siento mal y tiendo a pensar que es culpa mía. ¿Soy mala madre? No. ¿Soy perfecta? Absolutamente, no. ¿Soy una histérica? Un poco, es parte de mi carácter, aunque lucho contra ello hace ya mucho tiempo y he conseguido controlar en gran parte esta forma de ser. En definitiva, soy una persona normal, con inseguridades, como cualquier otra. En épocas de carencias y dificultades las inseguridades aumentan, me siento más vulnerable. En esa época me sentía tremendamente vulnerable, estaba cansada, probablemente anémica, y no sabía aún muchas cosas que sé ahora. Si llego a haber leído ese comentario entonces, me habría hundido. Hoy me da igual, pero me parece muy desafortunado y poco generoso. Impropio. Feo.
viernes, 11 de mayo de 2012
De aniversarios y amantes. La primavera la sangre altera.
Ha llegado la primavera, o más bien el verano, así, de golpe. Ayer el ratoncillo se quejaba de dolor en los pies y tuvimos que ir corriendo a comprarle un zapato más fresquito. No creo que le hicieran daño los suyos, más bien que tenía el pie cocidito, pero es imposible enterarte bien de las cosas que le pasan porque en su conversación se dedica a repetir lo que tú le dices, o lo que le dijiste antes, y no responde realmente. Hoy ha ido al cole de veranito total, con sus pantalones cortos, su calzado abierto... iba de mono... Por la tarde si hace mucho calor nos pasaremos un rato por casa antes de ir al parque, como ayer. Eran las ocho y se empezaba a estar bien en la calle, y nosotros claro, a disfrutar del parque y de los amigos... últimamente juega mucho con uno del cole, verles reír y jugar en el parque te da un subidón tremendo, son felices con tan poco...
Hay alguien nuevo en mi vida. Aún nos estamos conociendo, espero que lleguemos a entendernos y me ayude a superar ciertos problemas. Ayer lo hicimos por primera vez... el resultado, regular de aspecto pero comible, me hace tener esperanza en esta relación. Hoy voy a ir más allá. A ver si no salimos a leches... Quería un robot de cocina y me ha caído del cielo, gracias a una amiga que se muda y no se lo quiere llevar. Así que aprovecha, hija. Que no pueda él contigo. Si es vez de ayudar es un estorbo estarás haciendo el gilipollas, sobre todo porque tu cocina mide tres centímetros cuadrados. (Todo esto me lo digo a mí misma, sí).
Mañana es el aniversario del 15 M. Creo que todos deberíamos lanzarnos a las calles. Si el año pasado por estas fechas el futuro era incierto, hoy directamente es negro, y solo en nuestra mano está cambiarlo. Ahora que soy madre lo veo todo con otra óptica, y me preocupa mucho el futuro de mi ratón. He dicho.
Hay alguien nuevo en mi vida. Aún nos estamos conociendo, espero que lleguemos a entendernos y me ayude a superar ciertos problemas. Ayer lo hicimos por primera vez... el resultado, regular de aspecto pero comible, me hace tener esperanza en esta relación. Hoy voy a ir más allá. A ver si no salimos a leches... Quería un robot de cocina y me ha caído del cielo, gracias a una amiga que se muda y no se lo quiere llevar. Así que aprovecha, hija. Que no pueda él contigo. Si es vez de ayudar es un estorbo estarás haciendo el gilipollas, sobre todo porque tu cocina mide tres centímetros cuadrados. (Todo esto me lo digo a mí misma, sí).
Mañana es el aniversario del 15 M. Creo que todos deberíamos lanzarnos a las calles. Si el año pasado por estas fechas el futuro era incierto, hoy directamente es negro, y solo en nuestra mano está cambiarlo. Ahora que soy madre lo veo todo con otra óptica, y me preocupa mucho el futuro de mi ratón. He dicho.
lunes, 9 de abril de 2012
Yo también quiero ser superwoman, supermami y súper en general
No entiendo a las superwomen. No lo entiendo. Esas madres pluscuamperfectas que veo en los parques, en los blogs, y en el trabajo. Siempre perfectas, con el pelo fenomenal, maquilladas, buenísimas madres, mejores cocineras, amantes de la moda, casa organizada, adalides de la conciliación... ¿cómo lo hacen? y sobre todo ¿desde cuándo me importa?
Primer error, aficionarme a los blogs de maternidad. Son muy interesantes, y me lo paso bomba con ellos. Pero no puedo dejar de (segundo error) compararme con todas ellas. Las mujeres a las que leo son en su mayoría profesionales con más de un hijo, un matrimonio perfecto, un armario espectacular, una despensa siempre llena y mucha maña en la cocina. A lo mejor lo que no tienen unas lo tienen otras, y yo me estoy haciendo la composición de lugar de una mujer que lo hace todo, eso es verdad. Pero bueno, sigo. Cuando leo esos blogs de mujeres que trabajan, hacen un máster a la vez para ser mejores en su trabajo, crían a sus hijos y los educan fenomenal, mantienen dos blogs, uno sobre maternidad y otro sobre temas laborales, leen mucho (porque así lo cuentan), salen con sus maridos a veces (porque así lo cuentan), compran ropa y se preocupan por su físico, hacen salidas culturales y de ocio con sus hijos, hacen pasteles y bizcochos y rosquillas y cosas así... ¿cómo, cuándo, por qué?
Yo, sin embargo, soy incapaz de mantener un poco de orden en mi (minúscula) casa, compro en el súper compasivamente, sin raciocinio (y eso que lo intento), no sé cocinar (y eso que lo intento, o por lo menos intento intentarlo), mi casa es una leonera (ya lo he dicho?), estoy siempre agotada, aún no he conseguido que mi hijo duerma solo, tengo una torre de libros por leer, no voy al cine desde antes de que naciera el niño, tengo unas raíces que asustan y, aunque me gustaría, no veo el momento de renovar mi armario, ni por supuesto de ordenarlo, por no decir que mi casa sigue teniendo el aspecto de quien acaba de llegar a vivir, y mi lista de cosas por hacer aumenta cada día (ayyyyy).
Ayer miré a mi alrededor y se me cayó el alma a los pies. La casa patas arriba, ropa por todas partes, migas de magdalena formado una alfombra mullida, juguetes tirados, marido enfermo en la cama, niño medio en pijama, el polvo sobre los muebles comienza a ser visible a varios metros de distancia... por favor! cogí al enano y a la calle. Ojos que no ven, y niño cansado, dan mejor noche.
Como estoy un poco paralizada por los hechos, y de verdad que tengo propósito de enmienda, sé que no lo conseguiré en su totalidad, pero voy a trabajar un poco en ello cada día, dar pequeños pasos. Por de pronto, estoy tomando jalea real para ver si aumento mi apetito y engordo un poco. Lo de apuntarme a pilates lo pospongo, sé que no lo voy a hacer así que para qué engañarme, hoy por hoy lo pospongo y me voy a dedicar a intentar comer bien. Voy a empezar comprar más por el barrio lo que necesite y menos en el súper en grandes cantidades, luego se me pone malo todo sin cocinarlo. Quiero regalarme por mi cumple un robot de cocina, uno sencillo, porque admito que nunca voy a aprender a cocinar pero quiero que mi pequeño coma bien. Y yo quiero comer bien, y que mi chico coma bien. Eso es meterme en un lío nuevo porque el robot necesita quien lo maneje, o sea, tengo que aprender a cocinar de otra manera más sencilla pero tengo que hacerlo. Creo que voy a volver a contar con ayuda doméstica, está claro que yo no me hago con la casa, no tengo tiempo ni ganas, y necesito ayuda, aunque sea una poquita. Tengo que hablarlo con mi otra mitad. Tengo que tirar ropa, ordenar armarios, sacar toda la que le no le cabe ya al ratón y guardarla, recoger todos los juguetes de bebé y guardarlos o regalarlos, pensar en si vamos a pasarle ya a cama o no, y qué modelo de cama y de habitación queremos (pequeña de ikea, abatible, cama nido...). Tengo un plan para reorganizar mi habitación y buscar una solución a los zapatos que no tienen un lugar. El viernes voy a la peluquería. Antes no puedo porque esta noche vuelvo a las noches (ohhh, estos turnos tampoco ayudan a mi estabilidad, por eso no entiendo cómo lo hacen otras mujeres que trabajan también a turnos; bueno sí lo sé: tienen más ayuda que nosotros en casa, pero esto es lo que hay...). Y sobre todo, voy a dejar de compararme. Porque en el fondo yo no quiero ser así, no quiero ser pluscuamperfecta, nunca me ha importando excesivamente mi aspecto, ni la decoración de mi casa, ni nada de eso. Nunca voy a hacer pasteles con mi hijo, así que me centraré en intentar que coma bien. Nunca he sido ordenada. Así que me platearé como una necesidad, no como una obsesión: busquemos el orden justo para funcionar, y punto. Y lo demás se irá solucionando poco a poco... espero.
Por cierto, veo que he vuelto a hacerlo, sólo entro aquí cuando estoy de noches, voy estar de noches o acabo de salir de noches. Y es que hago demasiadas noches, está claro...
domingo, 25 de marzo de 2012
Al enemigo, ni agua
Vaya, parece que solo escribo cuando estoy de noches. Ay, el turno de noche. Hoy estoy de saliente, son las cuatro de la tarde y me acabo de despertar, Coyoyó y su padre se han ido a casa de la abuela a comer así que me he arrastrado hasta la cocina, me he abierto una lata de lentejas, y me la estoy comiendo tristemente en pijama frente a la tele. No tengo fuerzas para nada. Han sido tres noches intensitas. Y la semana que vienen prometen juerga. Qué mala suerte, justo esa semana...
Hay una quincena al año que concentra gran parte de las festividades familiares. En pocos días celebramos los cumpleaños de mis dos minisobrinas, mi madre, mi cuñada y Coyoyó. Desde hace unos años aprovechamos para juntarnos todos y celebrarlos a la vez. Lo hacemos en Madrid que pilla a mitad de camino a todos (más o menos). Pues bien, esa quincena ha empezado ya, y el grueso de las coincidencias es la semana que viene. Mi madre esperaba esta semana con ansia, por vernos a todos juntos. Y ha tenido que venir su hija a chafárselo con problemas de turnos... Luego está la semana santa, que este año es justo la posterior a la del multicumpleaños. Otra oportunidad de disfrutar de su Coyoyó por culpa de mis turnos.
Pero con lo que no contábamos nadie es que este mundo es imprevisible. Y si un lunes me dieron una semana libre y el martes me dieron que no, y que encima de no ser libre iba a trabajar el doble, y la siguiente también, ahora resulta que el fin de semana que viene no curro!! Me lo dijeron ayer. Mañana puede cambiar la película, o con suerte perpetuarse, y pasar a tener un trabajo como las personas, de lunes a viernes, y los fines de semana libres... o no pasar ninguna de las dos cosas, o las dos a la vez... todo es posible. Es la magia de la tele.
La magia de la tele hace además que mañana lunes se dé una circunstancia muy curiosa: en mi curro nos jugamos muchas cosas, muchas. Si todo nos sale bien y machacamos al contrario, yo me alegraré especialmente. No solo puede darme ese ansiado turno de persona normal, sino que nuestro rival es casualmente el culpable de que mi anterior trabajo se truncara de repente. Así que, como dijo aquel argentino loco una vez, al enemigo, ni agua.
sábado, 3 de marzo de 2012
Turno de noche, vuelve a mí
He vuelto a las noches. Es horrible. Llevo ya dos de tres. La primera fue horrible, pensé que me moría. La segunda fue mejor, pero se me hizo un poco pesada. La tercera está por ver... pero da igual porque es la última y eso es lo que importa. Esta mañana cuando he llegado a casa (reventada) me he encontrado al enano viendo Pocoyó. Me ha dicho "hola, mamá" y ha seguido sentado en su cojín verde. Yo me he ido a la cama. Ayer cuando me fui dijo "adiós, mamá", y siguió jugando con sus coches. Cada vez es más civilizado, más personita... es alucinante ver cómo crece, cómo habla, cómo incorpora palabras a su vocabulario y las combina formando pequeñas frases, cómo sabe perfectamente lo que quiere, lo verbaliza, y pone caras para lograrlo, y disimula cuando hace algo que no debe... Hoy están en casa de los abuelos. Mejor, porque me he levantado hace una hora y me voy en otra, y no tengo ni tiempo ni ganas de hacer nada más que recuperarme y comer algo.
El plan 3/4 (currar tres, librar cuatro) no está resultando como yo quería. No he hecho nada de lo que me propuesto, ni pilates ni nada de nada. Bueno, solo una cosa: ya soy oficialmente una gafota más. Tengo pendientes taaaantas cosas que puede que antes de acabar la producción tache una tercera parte de la lista.
Así, sin que tenga nada que ver (venga, confieso que estoy viendo una peli horrible en la tele), San Francisco es alucinante. Me encantaría volver. Lo pasamos tan bien cuando estuvimos, fue un viaje flipante. La ciudad es preciosa, y tiene un encanto especial. Sin embargo, no es el viaje que podamos hacer ahora, ni por dinero ni por "compañía". De hecho, ¿qué vacaciones podemos hacer con un niño de dos años? Hombre, ir, podemos ir a donde queramos. Su padre, por ejemplo, quiere ir a Berlín. Pero no sé, en el fondo, si pensamos en vacaciones familiares, sé que donde mejor se lo va a pasar el ratoncito es jugando en la playa y corriendo en un parque, no visitando una ciudad... si vamos a pasar solo quince días de vacaciones los tres, ¿no es mejor que sea así? ¿es realista irse de turismo con un niño tan pequeño?
(El tema de las vacaciones da para hablar de ello un día con calma, solo diré que si las cosas salen como deberían, es posible que tenga mes y medio de vacaciones, no pagadas y fuera de temporada, claro, y a continuación trabajo todo el resto del año. ¿¿Dónde hay que firmar??)
miércoles, 22 de febrero de 2012
Cuatro días libres dan para muchas listas
Ya he empezado a trabajar en mi nueva oficina. Es feota, hace frío y está muy lejos. Pero tiene su gracia.
Mi nuevo trabajo me da cuatro días libres a la semana. Esto ha provocado una pequeña revolución en casa. Lo primero que quiero puntualizar es que si descanso cuatro días en vez de dos es porque en esos tres días hago todas las horas del mundo. Por eso descanso cuatro días, porque necesito descansar. Aún así, me he comprometido familiarmente a limpiar yo entre semana (ya no tendremos ayuda) y a practicar el parking intensamente, y personalmente he elaborado una larga lista de cosas que quiero hacer: ir a pilates, al oculista, al dermatólogo, a la compra, a las rebajas (si quedan), a darme un masaje, a comer con amigos a los que apenas veo... bien, hoy es mi tercer día (de cuatro) de libranza, y solo he limpiado la mitad de lo deseable, he llamado al oculista y he comido sola todos los días. De pilates ni hablamos, y eso que era una prioridad. Lo cierto es que lo del oculista ha subido puestos de repente en la lista de lo urgente. Mañana voy a ver qué me dicen. Probablemente regrese con la pupila dilatada y mucho más pobre. Vamos, que todo lo que tenga que hacer (comida, por ejemplo) debería hacerlo hoy.
Respecto al pequeño ratón, me tiene sin palabras. Ayer me dio un abrazo, lo que para un pequeño seco del norte está muy bien. Juntos hemos batido un nuevo récord: de la guarde al parque en una hora. Es desesperante. Pero si lo miras bien, ¿tenemos prisa? No. Pues ya está. Y hemos aprendido una palabra nueva, bueno, dos: no quiero. No digo más.
Edito escasos minutos más tarde:
Mi gozo en un pozo, y mis listas a la mierda. No me arranca el coche, o sea que: hoy tampoco puedo ir a la compra, me tendré que conformar con lo que pille esta tarde por las escasas tiendas del barrio. Toca visita al taller, lo cual, unido a la visita al oculista de mañana, me parece que tira por tierra el resto de elementos de mi lista: ni rebajas, ni dentista (este mes por lo menos), ni pilates, ni comer por ahí, ni nada de nada. En fin...
martes, 7 de febrero de 2012
Trabajo de ida y vuelta, e ida, y vuelta, y otra vez ida...
Tres días después de mi última entrada, en la que hablaba de mi trabajo, ocurrió algo inesperado. Como contaba, la época de telefonista/agente de viajes estaba a punto de terminar, y pronto iba a empezar a disfrutar de la parte bonita del proyecto. Un proyecto gordo, de envergadura, y sobre todo largo. Un proyecto que me iba a dar trabajo hasta verano, y me iba a permitir tener vacaciones familiares como las personas normales. Bien, todo esto se ha venido abajo. Como digo, tres días después de mi entrada anterior soltaron la bomba. Parad los motores. Todo se retrasa... mucho... en concreto, cinco meses. Ni trabajo, ni vacaciones familiares ni nada. Se supone que estoy inmunizada ante este tipo de news, pero me quedé muerta. Como una se hace dura, mantuve la calma bastante bien, pero por dentro el corazón me iba a mil, tenía dolor en el pecho y todos los síntomas de la ansiedad.
Por suerte (y por desgracia) en este mundo las sorpresas están a la orden del día, menos de 48 horas más tarde recibía la llamada del ahorro y la tranquilidad. Los astros se han alineado, como casi siempre, para que yo no esté en paro, y empezaré a currar en nada en otra historia, rodeada de amigos y en un ambiente genial. Va a ser duro: jornadas larguísimas, muchos kilómetros de carretera cada día, fines de semana hipotecados, pero feliz como una perdiz.
Por supuesto, todo esto me supuso otro día de nervios, estrés y con el corazón en un puño, porque. Si es que un día me da un infarto.
lunes, 30 de enero de 2012
Dale al FF
Llevo un mes en mi nuevo trabajo. Soy una especie de telefonista-agente de viajes-psicóloga. Gracias a él aborrezco hablar por teléfono. Me duelen las orejas. Me duele la cabeza y me duele la garganta. No pico en la mina, y por suerte respetamos bastante el horario, pero sorprendentemente acabo más agotada que después de una jornada de grabación de 14 horas. Además voy todo el día con la lengua fuera, y aún así apenas veo al niño. Cojo trenes, metros, autobuses, tardo un poco más de 45' en varios tramos de a pie-tren-bus-y-viceversa para llegar de casa al curro y del curro a casa, y llego ya cuando el pobre está agotado y harto, a punto de bañarse, o de cenar... le echo de menos y él a mí, me lo recuerda cada día cuando no quiere que le coja para acostarle, porque apenas me ve y me castiga, por decirlo de alguna manera. Llevo varios desprecios de estos seguidos y estoy un poco triste. Pero pronto acabará esta fase, y espero ansiosa la siguiente, mucho más divertida y gratificante. Nos lo vamos a pasar genial, mi horario cambiará, veré más al niño, iremos al parque, hará menos frío, mi curro me satisfará más y mi humor mejorará, estaré menos cansada y más receptiva, a lo mejor hasta ganaré peso, estaré más guapa, me sentiré mejor... ¡por favor, que pase rápido el tiempo!
(A todo esto, el ratón cada vez come más, y habla más. Dice comer comer cuando tiene hambre, comer otro cuando quiere más, a guaguá cuando no quiere más, gogú cuando ve, intuye o huele un yogur, mío cuando quiere coger el cubierto y comer solo, jamó cuando quiere, exige y desea un poco de jamón, coyoyó cuando se refiere a su ídolo en modo: ponme, mira, leamos... y hoy, en medio del paroxismo ante la idea de ver un capítulo de Pocoyó mientras comía (dos cosas que centran su existencia), ha dicho papacoyó, que es una mezcla de las dos cosas que más quiere en el mundo, Pocoyó y papá).
sábado, 14 de enero de 2012
Creciendo y trabajando
Ya no sé ni cuántos meses tiene el ratón... ¿21? qué ganas de hablar en años, como toda la vida. Lo cierto es que ya no es un bebé, ya es un niño. Habla un montón, aunque a veces no le entendamos. Construye frases, se sabe el nombre de casi todo el mundo que le rodea, repite todo lo que oye y es un salao. Le encantan los coches y las motos, los animales, y por supuesto Pocoyó. Para él sigue siendo Cocoyó, a pesar de que cada vez pronuncia mejor esa palabra ya no se la cambias. Cocoyó, Pato, Eli, Pulpo y toda la troupe son ya de la familia. Los capítulos se los traga uno tras otro. Cuando habla de ellos le cambia la voz, son sus ídolos por encima de papá y mamá. Estas navidades hemos intentado diversificar su mundo con otros elementos, pero no hay manera. Cocoyó es lo más, el resto es secundario.
Mientras él crece y aprende cosas, yo sigo mi periplo laboral. A finales del mes pasado empecé a buscar un nuevo trabajo, pues sabía que el mío terminaba. Estaba cansada (no he descansado este verano) y me hubiera gustado parar en Navidad y volver en enero, después de reyes. Ir a ver a mis padres, disfrutar un poco del ratoncillo, hacer cosas que tengo pendientes (dentistas etc, ya se sabe) pero el destino tiene sus propios plabes, y tras el último programa me fui a casa, vi al pequeño, me arreglé, me fui a la fiesta de fin de programa, estuve un ratico, me volví a casa, me acosté, me levanté al día siguiente, llevé al niño a la guarde y me incorporé a mi nuevo trabajo. Así. Sin solución de continuidad. Sin anestesia. Sin nada.
martes, 13 de diciembre de 2011
Cosas que hacer mientras escribes una entrada nueva...
... como por ejemplo, jugar con mi terremoto veintemesero. Escribo una palabra, lanzo el coche; escribo otra, le cojo a caballito... a veces, con suerte, me da tiempo a tomar un sorbo del café que me he preparado hace un rato y que ya está frío. Esto es la dictadura del ratón. En casa se hace lo que él quiere, que básicamente es jugar con los coches, ver los mismos cuentos una y otra vez, jugar a fútbol en el pasillo con un balón que aforunadamente es de tela, y así pasamos las tardes...
Es alucinante cómo su motricidad se ha afinado un montón. Anda fino, como dicen sus tías. Da saltos fenomenal y sabe ponerse a la pata coja. Sus movimientos son seguros y elegantes, la verdad es que da gusto verle moverse. También anda de rodillas. Uno de los músculos que más ha desarrollado en este tiempo es la lengua. Es un loro. No calla. Aprende cosas nuevas a cada momento. Va por la calle al grito de ¡coche, moto, guau-guau! Todo lo que le dices lo repite. Sus palabras más usadas son Pocoyó, Pato, Eli... y vuelta Pocoyó... es como un mantra, a veces lo repite hasta dormido. Los cuentos de Pocoyó los tiene requetesobados. Los vemos una y otra vez, mientras repetimos: Pocoyó, Pato, Eli... A veces introducimos a Ito (Pajarito), Ina (Valentina) y Pulpo. Caillou también se ha introducido en su universo. Cuando no está con eso repite los nombres de sus compañeros de colegio, como si pasara lista.
Como no para, me tiene loca. Ya toca baño: risas, jugar con los barcos, con el agua... en fin... un chou. Luego a cenar, que cada vez cuesta más porque está a todo menos a eso, y dormir, que es otro chou. Al final cae por agotamiento, porque él se resiste. Y luego siempre caigo yo.
Es alucinante cómo su motricidad se ha afinado un montón. Anda fino, como dicen sus tías. Da saltos fenomenal y sabe ponerse a la pata coja. Sus movimientos son seguros y elegantes, la verdad es que da gusto verle moverse. También anda de rodillas. Uno de los músculos que más ha desarrollado en este tiempo es la lengua. Es un loro. No calla. Aprende cosas nuevas a cada momento. Va por la calle al grito de ¡coche, moto, guau-guau! Todo lo que le dices lo repite. Sus palabras más usadas son Pocoyó, Pato, Eli... y vuelta Pocoyó... es como un mantra, a veces lo repite hasta dormido. Los cuentos de Pocoyó los tiene requetesobados. Los vemos una y otra vez, mientras repetimos: Pocoyó, Pato, Eli... A veces introducimos a Ito (Pajarito), Ina (Valentina) y Pulpo. Caillou también se ha introducido en su universo. Cuando no está con eso repite los nombres de sus compañeros de colegio, como si pasara lista.
Como no para, me tiene loca. Ya toca baño: risas, jugar con los barcos, con el agua... en fin... un chou. Luego a cenar, que cada vez cuesta más porque está a todo menos a eso, y dormir, que es otro chou. Al final cae por agotamiento, porque él se resiste. Y luego siempre caigo yo.
martes, 11 de octubre de 2011
18 meses
Dieciocho meses tiene mi ratón ya. Año y medio. Está hecho un jabato. Corre por todas partes, le encanta tirarse por el tobogán, a veces sentado y a veces echado bocabajo. Incluso ha llegado a tirarse de cabeza. Y eso que no es un niño alocado, es más bien cauto, tranquilo, más de observar que de actuar... eso lo he descubierto en el parque, un lugar donde ves de todo y te das cuenta de la suerte que tienes en casa. Me gusta verle relacionarse con otros niños. Tiene cuatro o cinco amigos fijos con los que se ve casi a diario. Con algunos se pone como loco de alegría al verlos. Es alucinante. El otro día su mejor amigo le pegó repetidas veces, primero un par de manotazos, luego empujones y al final se sentó en el suelo de un golpe. No le hizo daño pero el pobre, al final, ya harto de no entender nada, se echó a llorar desconsoladamente y no se calmaba. Nos fuimos. Menos mal que como no hay maldad mañana se ven y se adoran de nuevo (aunque hay amores que matan).
Está aprendiendo a hablar, aunque su lenguaje es incomprensible para nosotros y solo le entiendo cuando dice mamá, papá, agua, guau-guau, adiós, hola... y poco más. Guau-guau es todo, todos los animales y algunas cosas; mamá y papá no siempre se corresponden con nosotros, a veces nos cambia, o a lo mejor es que pregunta al uno sobre el otro... y agua es agua, pero también vaso, o quiero agua, o mira, hay agua en el suelo, o piscina, o bañera... en fin. Y también dice agua-guá, que es a guardar (los juguetes), y aunque casi siempre viene a cuento a veces no.
Aunque su palabra más repetida es NO. Así, con mayúsculas. No a todo. Últimamente lo acompaña con un movimiento enérgico de cabeza o con uno de dedo, y a veces todo a la vez, repitiendo no-no-no todo el rato. Debe de ser lo que le dicen en el cole cuando hace lo que no debe.
El cole es la guarde, evidentemente. Es carísima, y aunque es muy pequeñaja y un poco triste como las chicas son majas y él estaba contento decidimos dejarle también este año y no buscar una más barata. Sin embargo, ahora mismo estoy un poco mosca con ellas, porque me acaban de coaccionar para que les compre un baby con el nombre de la escuela al super precio de 30 euros con los argumentos de: es que comen sols ahora, es que van a empezar a pintar... pintan con las manos, comen con las manos, se ensucian mucho... eso sí, si no quieres no es obligatorio, pero si trae un baby tiene que ser éste, o nada. No vale uno del carrefour de 5 euros. Y lo peor es que he pasado por el aro. Prefiero eso a tener que cambiarle al ritmo de 5 pantalones y 5 camisetas a la semana, lavando casi a diario, y a saber si la pintura esa se quita bien... En fin...
Respecto a mí, desde mi última entrada he vivido un sinfín de cambios permanentes. Pasé del paro a trabajar en la empresa A, de ahí a la B y ahora estoy en la C. Todo en cuatro meses. En la A esuve dos meses y medio, en la B veinte días y en la C llevo dos semanas, creo. Mi próxima declaración va a ser desastrosa. Eso sí, si todo sale bien estaré en la empresa C hasta fin de año. ¡Yuju! Viva la precariedad laboral.
Está aprendiendo a hablar, aunque su lenguaje es incomprensible para nosotros y solo le entiendo cuando dice mamá, papá, agua, guau-guau, adiós, hola... y poco más. Guau-guau es todo, todos los animales y algunas cosas; mamá y papá no siempre se corresponden con nosotros, a veces nos cambia, o a lo mejor es que pregunta al uno sobre el otro... y agua es agua, pero también vaso, o quiero agua, o mira, hay agua en el suelo, o piscina, o bañera... en fin. Y también dice agua-guá, que es a guardar (los juguetes), y aunque casi siempre viene a cuento a veces no.
Aunque su palabra más repetida es NO. Así, con mayúsculas. No a todo. Últimamente lo acompaña con un movimiento enérgico de cabeza o con uno de dedo, y a veces todo a la vez, repitiendo no-no-no todo el rato. Debe de ser lo que le dicen en el cole cuando hace lo que no debe.
El cole es la guarde, evidentemente. Es carísima, y aunque es muy pequeñaja y un poco triste como las chicas son majas y él estaba contento decidimos dejarle también este año y no buscar una más barata. Sin embargo, ahora mismo estoy un poco mosca con ellas, porque me acaban de coaccionar para que les compre un baby con el nombre de la escuela al super precio de 30 euros con los argumentos de: es que comen sols ahora, es que van a empezar a pintar... pintan con las manos, comen con las manos, se ensucian mucho... eso sí, si no quieres no es obligatorio, pero si trae un baby tiene que ser éste, o nada. No vale uno del carrefour de 5 euros. Y lo peor es que he pasado por el aro. Prefiero eso a tener que cambiarle al ritmo de 5 pantalones y 5 camisetas a la semana, lavando casi a diario, y a saber si la pintura esa se quita bien... En fin...
Respecto a mí, desde mi última entrada he vivido un sinfín de cambios permanentes. Pasé del paro a trabajar en la empresa A, de ahí a la B y ahora estoy en la C. Todo en cuatro meses. En la A esuve dos meses y medio, en la B veinte días y en la C llevo dos semanas, creo. Mi próxima declaración va a ser desastrosa. Eso sí, si todo sale bien estaré en la empresa C hasta fin de año. ¡Yuju! Viva la precariedad laboral.
miércoles, 8 de junio de 2011
Y a los 14 meses...
Un pequeño paso para el mundo, un gran paso para el ratoncito. Se acabó el tambalearse, el agarrarse a los muebles y arrastrase en paralelo a las paredes. El dar tres pasos y estamparse. El caer. Bienvenido el paso firme, el ir donde quiero y cuando quiero, el dar la mano solo porque me apetede ir de la mano, no porque lo necesite. Bienvenida la independencia. Por suerte, la asignatura correr aún no ha abierto matrícula...
Pues sí, mi niño ya anda. Solito. Como loco. Va, viene, te persigue por toda la casa, y es perseguido a su vez... es una ricura. Pero es curioso, a la vez que se ha abierto ante sus ojos un mundo entero de posibilidades, ha crecido en él una necesidad tremenda de tenernos cerca, de no perdernos de vista, de agarrarnos de la mano, y una afectividad nueva ha surgido entre nosotros: abrazos, mimos, sonrisas arrebatadoras... ¡todo esto es nuevo! ¿dónde había estado este mimoso hasta ahora? Nunca nos había dado los abrazos que nos da ahora, ni pedido que le demos la mano, ni arrimado su cara a la nuestra en lo más parecido a un beso que hemos conocido... Cuando juega, te pide que juegues con él, cuando duerme que le des la mano... cuando come que le hagas tonterías... es encantador, y un poco agotador, no lo niego. Pero estoy disfrutándolo muchísimo.
Lo único que no me gusta mucho es que de repente se ha vuelto más tímido y lloroso que nunca. Ayer fuimos a tomar café a casa de un amigo, pues al llegar se agarró a mi pierna como nunca había hecho y no se soltó hasta pasado un rato (y con una galleta de por medio). Luego, al salir, me adelanté con la silleta y se quedó mi amigo con él y lloró como un loco al perderme medio segundo de vista. Bajando a la calle, donde nos esperaban otras amigas, le dio la vergüenza y quiso que le cogiera en brazos, donde escondía su cabeza en mi hombro todo el rato. Pero bebé, ¿qué te pasa?
Saliendo un poco del tema niño. Sigo en paro, ahora ya sí. Y con montones de cosas que hacer, y una pereza tremenda. Como tengo esperanzas de empezar a trabajar de nuevo en diez días, en el fondo lo que quiero es vaguear, descansar, petardear... pero la realidad se impone, y la lista crece y crece... hay cosas impepinables, como
- ir al inem (no me fío de mis esperanzas)
- sacar la ropa de verano
- encontrar vestido para irme de boda en diez días, y apañar el estilismo entero
- peluquería antes de la boda (las canas reaparecen)
- consulta médica pendiente
Y además:
- cambiar de colchón
- ordenar armarios
- hacer un álbum digital del primer año del roedorcillo
- ... y tenía más cosas pendientes pero el subconsciente hace que se me olviden!!
Pues sí, mi niño ya anda. Solito. Como loco. Va, viene, te persigue por toda la casa, y es perseguido a su vez... es una ricura. Pero es curioso, a la vez que se ha abierto ante sus ojos un mundo entero de posibilidades, ha crecido en él una necesidad tremenda de tenernos cerca, de no perdernos de vista, de agarrarnos de la mano, y una afectividad nueva ha surgido entre nosotros: abrazos, mimos, sonrisas arrebatadoras... ¡todo esto es nuevo! ¿dónde había estado este mimoso hasta ahora? Nunca nos había dado los abrazos que nos da ahora, ni pedido que le demos la mano, ni arrimado su cara a la nuestra en lo más parecido a un beso que hemos conocido... Cuando juega, te pide que juegues con él, cuando duerme que le des la mano... cuando come que le hagas tonterías... es encantador, y un poco agotador, no lo niego. Pero estoy disfrutándolo muchísimo.
Lo único que no me gusta mucho es que de repente se ha vuelto más tímido y lloroso que nunca. Ayer fuimos a tomar café a casa de un amigo, pues al llegar se agarró a mi pierna como nunca había hecho y no se soltó hasta pasado un rato (y con una galleta de por medio). Luego, al salir, me adelanté con la silleta y se quedó mi amigo con él y lloró como un loco al perderme medio segundo de vista. Bajando a la calle, donde nos esperaban otras amigas, le dio la vergüenza y quiso que le cogiera en brazos, donde escondía su cabeza en mi hombro todo el rato. Pero bebé, ¿qué te pasa?
Saliendo un poco del tema niño. Sigo en paro, ahora ya sí. Y con montones de cosas que hacer, y una pereza tremenda. Como tengo esperanzas de empezar a trabajar de nuevo en diez días, en el fondo lo que quiero es vaguear, descansar, petardear... pero la realidad se impone, y la lista crece y crece... hay cosas impepinables, como
- ir al inem (no me fío de mis esperanzas)
- sacar la ropa de verano
- encontrar vestido para irme de boda en diez días, y apañar el estilismo entero
- peluquería antes de la boda (las canas reaparecen)
- consulta médica pendiente
Y además:
- cambiar de colchón
- ordenar armarios
- hacer un álbum digital del primer año del roedorcillo
- ... y tenía más cosas pendientes pero el subconsciente hace que se me olviden!!
miércoles, 18 de mayo de 2011
Hay cosas mucho más tristes
No hay nada más triste que un turno de noche... bueno, sí, no tener turno, eso es más triste que un turno de noche.
Otra vez en el paro. Después de lo mal que lo pasé en otoño, ya empiezo a estar intranquila y eso que llevo exactamente una semana sin trabajar, y encima estoy de vacaciones, o sea que técnicamente no estoy parada. Busco pasión sobre la que centrar mis esfuerzos y dejar la tele. Pero si no aparece una ocupación cualquiera me valdría.
Mientras aparece (o no) disfruto a tiempo completo de mi verdadera pasión, mi ratoncito. Ya tiene más de 13 meses. Es que te lo comes con queso o sin él. Será salao, el tío... no acaba de lanzarse a andar, de la manita sí, todo, de aquí para allá, de acá para allí... deslomando a sus padres. Pero solito le cuesta, aunque cuando cree que no le ves bien que se levanta y anda. Y cuando se levanta y avanza (o se abalanza más bien) a mis brazos es que lo espachurarría. ¡Guapo! A ver si coge confianza porque es que sabe, él sabe, camina hasta la cesta de sus juguetes y revuelve en ella. Y en el parque también. Pero no sé, a veces le da la inseguridad... De todas maneras me encanta cuando extiende los brazos casi exigiendo que le cojas, con esos gruñidos que lanzan los niños que no saben hablar pero que saben perfectamente lo que dirían si supieran cómo.
Es que nos ha nacido un pequeño tirano. Ya no es un bebé inerte y pasivo, ahora sabe lo que quiere y cuándo, y si no lo consigue se enfada cada vez más. Los highlights de berrinches leves son cuando le saco de la bañera, cuando le siento en la silleta, cuando le bajas del columpio, y útimamente cuando le echas bocarriba en el cambiador para cambiare o vestirle (lo odia) o cuando le das la papilla de la cena, que la aborrece.
Esto último me preocupa. Es que no hay día que se termine la cena. Incluso hay días que casi no la prueba. Y claro, dices: "si no quiere comer, que no coma". "De hambre no se va a morir". "Él sabrá lo que necesita". "Por un día (o dos, o tres) no pasa nada". Y claro, así todos los días pues empiezo a pensar si no necesitaré cambiar de plan. Darle otra cosa de cenar, no sé... Igual si empiezo con sólido... lo malo es que el enano no toma biberón, por eso mi empeño en la papilla de cereales, por la leche... no es que sea yo una torturadora... en fin, que no sé. Vamos a darnos un tiempo y a ver.
Seguiremos informando
Otra vez en el paro. Después de lo mal que lo pasé en otoño, ya empiezo a estar intranquila y eso que llevo exactamente una semana sin trabajar, y encima estoy de vacaciones, o sea que técnicamente no estoy parada. Busco pasión sobre la que centrar mis esfuerzos y dejar la tele. Pero si no aparece una ocupación cualquiera me valdría.
Mientras aparece (o no) disfruto a tiempo completo de mi verdadera pasión, mi ratoncito. Ya tiene más de 13 meses. Es que te lo comes con queso o sin él. Será salao, el tío... no acaba de lanzarse a andar, de la manita sí, todo, de aquí para allá, de acá para allí... deslomando a sus padres. Pero solito le cuesta, aunque cuando cree que no le ves bien que se levanta y anda. Y cuando se levanta y avanza (o se abalanza más bien) a mis brazos es que lo espachurarría. ¡Guapo! A ver si coge confianza porque es que sabe, él sabe, camina hasta la cesta de sus juguetes y revuelve en ella. Y en el parque también. Pero no sé, a veces le da la inseguridad... De todas maneras me encanta cuando extiende los brazos casi exigiendo que le cojas, con esos gruñidos que lanzan los niños que no saben hablar pero que saben perfectamente lo que dirían si supieran cómo.
Es que nos ha nacido un pequeño tirano. Ya no es un bebé inerte y pasivo, ahora sabe lo que quiere y cuándo, y si no lo consigue se enfada cada vez más. Los highlights de berrinches leves son cuando le saco de la bañera, cuando le siento en la silleta, cuando le bajas del columpio, y útimamente cuando le echas bocarriba en el cambiador para cambiare o vestirle (lo odia) o cuando le das la papilla de la cena, que la aborrece.
Esto último me preocupa. Es que no hay día que se termine la cena. Incluso hay días que casi no la prueba. Y claro, dices: "si no quiere comer, que no coma". "De hambre no se va a morir". "Él sabrá lo que necesita". "Por un día (o dos, o tres) no pasa nada". Y claro, así todos los días pues empiezo a pensar si no necesitaré cambiar de plan. Darle otra cosa de cenar, no sé... Igual si empiezo con sólido... lo malo es que el enano no toma biberón, por eso mi empeño en la papilla de cereales, por la leche... no es que sea yo una torturadora... en fin, que no sé. Vamos a darnos un tiempo y a ver.
Seguiremos informando
miércoles, 20 de abril de 2011
No hay nada más triste que un turno de noche
Estaba releyendo mi perfil y me ha dado un poco la risa: "Comencé este blog hace tres años", leo. "Entonces mi vida era diametralmente opuesta (...) La misma que hace año y medio vivía y trabajaba de noche, y hace tres viajaba sin parar, hoy vive por y para otra persona". Y me da la risa porque en realidad menos viajar lo sigo haciendo todo. Ya no vivo de noche, pero las noches siguen demasiado ligadas a mi trabajo.
Pensé que con el niño mis horarios se asentarían de manera natural, pero al final la realidad se ha impuesto. Si quieres currar, es lo que toca. De hecho mi vuelta al curro fue por la puerta grande. Salvo una pequeña experiencia en septiembre, se puede decir que mi verdadera reincorporación al mundo laboral fue en noviembre. Cuando ya estaba que me colgaba de un pino me llamaron para trabajar. Eso sí, turnos rotativos y empiezas de noche. Me senté a hablar con mi marido calendario en mano, eché cuentas, plasmé mis nuestros horarios (los de los tres) en un papel y tras ver que la ecuación salía dije p'alante. Luego los astros se alinearon y al final, gracias a una sucesión de hechos ajenos a mí, hice menos noches de las previstas.
Como la vida es así de perra se da la circunstancia de que actualmente, a pesar de haber cambiado de proyecto (que no de empresa), mis horarios vuelven a ser rotativos, y vuelvo a tener que hacer noches, encima con más asiduidad que antes (y en peores condiciones, la verdad). Esta semana he pasado de la noche al día, y aunque empecé con buen pie, durmiendo bien por las noches y rindiendo de día, hoy he tenido una pájara importante. El día se me ha hecho larguísimo, y me moría de sueño. Además esta noche me he despertado varias veces pensando que era la hora y sorprendida de ver que eran solo las 2 de la mañana, por ejemplo. Se ve que el cuerpo ha hecho un esfuerzo grande estos días pasados por adaptarse pero hoy ha petado. Ahora son las 17 y me muero de cansancio. Me metería en la cama. Otro efecto chungo de este jet lag es que mi sistema de comidas se ha ido a la mierda y no tengo casi hambre. Estoy comiendo fatal.
Mañana nos vamos de vacaciones. Cogeremos los trastos y al ratoncillo y ala, rumbo a otras tierras. Mi peque ya se hizo sus kilómetros el verano pasado, siendo una ratita, pero ahora, ya más mayor, más independiente y más impaciente, a ver qué tal aguanta el viaje. Ahora, con el sueño que tengo, solo de pensarlo me estreso. Pero todo saldrá. Y lo bien que lo vamos a pasar!!!
Pensé que con el niño mis horarios se asentarían de manera natural, pero al final la realidad se ha impuesto. Si quieres currar, es lo que toca. De hecho mi vuelta al curro fue por la puerta grande. Salvo una pequeña experiencia en septiembre, se puede decir que mi verdadera reincorporación al mundo laboral fue en noviembre. Cuando ya estaba que me colgaba de un pino me llamaron para trabajar. Eso sí, turnos rotativos y empiezas de noche. Me senté a hablar con mi marido calendario en mano, eché cuentas, plasmé mis nuestros horarios (los de los tres) en un papel y tras ver que la ecuación salía dije p'alante. Luego los astros se alinearon y al final, gracias a una sucesión de hechos ajenos a mí, hice menos noches de las previstas.
Como la vida es así de perra se da la circunstancia de que actualmente, a pesar de haber cambiado de proyecto (que no de empresa), mis horarios vuelven a ser rotativos, y vuelvo a tener que hacer noches, encima con más asiduidad que antes (y en peores condiciones, la verdad). Esta semana he pasado de la noche al día, y aunque empecé con buen pie, durmiendo bien por las noches y rindiendo de día, hoy he tenido una pájara importante. El día se me ha hecho larguísimo, y me moría de sueño. Además esta noche me he despertado varias veces pensando que era la hora y sorprendida de ver que eran solo las 2 de la mañana, por ejemplo. Se ve que el cuerpo ha hecho un esfuerzo grande estos días pasados por adaptarse pero hoy ha petado. Ahora son las 17 y me muero de cansancio. Me metería en la cama. Otro efecto chungo de este jet lag es que mi sistema de comidas se ha ido a la mierda y no tengo casi hambre. Estoy comiendo fatal.
Mañana nos vamos de vacaciones. Cogeremos los trastos y al ratoncillo y ala, rumbo a otras tierras. Mi peque ya se hizo sus kilómetros el verano pasado, siendo una ratita, pero ahora, ya más mayor, más independiente y más impaciente, a ver qué tal aguanta el viaje. Ahora, con el sueño que tengo, solo de pensarlo me estreso. Pero todo saldrá. Y lo bien que lo vamos a pasar!!!
sábado, 16 de abril de 2011
Un día que cambió nuestras vidas
Ya ha pasado un año. Me parece increíble. Hace 375 días éramos solo dos. Recuerdo perfectamente la cronología de los hechos. Cómo fuimos a comer a casa de mis suegros. Fuimos en metro, porque hacía ya semanas que yo no conducía. Cuando llegué no me tenía en pie. Me apretaban los zapatos, y el jersey no me dejaba respirar. Era como si hubiese encogido. Me lo quité y tuve que ponerme el forro polar que llevaba mi chico. Me dolía todo el cuerpo, y la ropa me molestaba. Me solté la cremallera de la falda. Cuando empezamos a comer, yo no podía permanecer sentada mucho rato, porque me molestaba la tripa y tenía dolores, así que de vez en cuando me levantaba y daba un paseo por el pasillo, o iba a quejarme a otra habitación. A mi alrededor había una falsa tranquilidad. Yo pensaba que todos debían creer que era una histérica, pero lo cierto es que me encontraba mal. Después de comer (yo apenas probé bocado) quise irme a casa. Nos fuimos en metro, con el fin de andar un poco y mover la pelvis. Yo parecía un pato mareado. Pensábamos bajarnos en Ópera e ir caminando a casa, pero finalmente fuimos hasta La Latina para andar menos.
Esa tarde lo pasé mal, me encontraba regular. A la mañana siguiente a primera hora tenía cita en la Fundación para hacerme análisis y cheqear mi número de plaquetas, como lo venía haciendo desde hacía ya un tiempo. Un día, mis plaquetas empezaron a bajar de manera considerable, por lo que cada tres días me hacían un hemograma de control y ya de paso monitorizaban al niño. Yo estaba preocupada por este asunto, porque veía que no había un criterio claro sobre el tema. Dependiendo de qué ginecólogo me veía, estimaba más o menos preocupante el asunto. Unos me querían provocar el parto ya, otros preferían dejar actuar a la naturaleza. Yo temía por varias cosas, una por el riesgo de hemorragia en el parto, y dos porque si me seguían bajando no podrían ponerme la epidural.
Como digo, esa tarde me encontraba mal. No podía estar quieta, y solo moviéndome continuamente conseguía apaciguar mis molestias. Era ya tarde y mi chico se fue a la cama. Yo no podía pensar en acostarme, y me quedé viendo Ley y Orden en la tele. Me acosté de madrugada. Puse el depertador a las 8. A y media mi padre pasaba a por mí para acompañarme a los análisis.
A las ocho sonó el despertador, lo apague y pensé remolonear cinco minutos. De repente noté como si se descorchara algo en mi interior, y a continuación calor entre mis piernas. Me di cuenta de que estaba mojada. Era como si me hubiese hecho pis. Había roto aguas. Desperté a mi marido y me levanté chorreando. Me di una ducha rápida y me vestí. Recordé que me había contado una amiga que cuando rompes aguas no sueltas todo el líquido de repente, si no que este sigue saliendo durante rato, así que me puse una compresa. Llamamos a un taxi. Yo iba más serena de lo que me hubiera imaginado. Entramos por urgencias. En la sala de espera (porque me pasaron a la sala de espera) encontramos a una pareja a la que habíamos conocido en monitores. Ella había salido ya de cuentas hacía días e iba a que le provocaran el parto. Nos subieron a las dos a la vez, pero a mí me atendieron antes. Me gustó que todo el equipo me conocía, porque llevaba muchas semanas pasando por allí con controles diversos, y todos fueron muy amables. Me examiraron, y tras comprobar que efectivamente había roto aguas me dijeron que estaba más verde que una lechuga y me mandaron a monitores. Allí, inexplicablemente porque yo no notaba nada, la máquina dijo que tenía unas bonitas contracciones. Tambien me sacaron sangre por el famoso asunto de las plaquetas.
Para mi sorpresa me metieron al paritorio. No sé por qué yo pensaba que tendría que dilatar en otro sitio. El paritorio era un sitio muy frío, en aluminio, lleno de instrumental. Había una cama en la que me echaron, y una cunita en la que escribieron el nombre de mi bebé. Me desnudaron y monitorizaron. Yo estaba helada y temblaba sin parar. La matrona me dijo que estaba muy poco dilatada. Me pusieron una vía, y aunque nadie me dijo nada creo que me metieron oxtocina, porque aquello de repente empezó a doler un poco. Para mi sorpresa el anestesista llegó en seguida. Era un chico muy joven con unas zapatillas muy modernas. Me dijo que mis plaquetas eran bajas pero que no había problema para ponerme la epidural. Yo estaba muy asustada porque me habían dicho que con ese número no debería hacerlo, pues había riesgos, pero pensé: si no me fío de esta gente, que me va a atender hoy, ¿qué hago? así que me fié, al fin y al cabo era el médico.
Me la pusieron en seguida. Yo no dejaba de temblar, y las contracciones me hacían estremecer. Me hizo efecto rápidamente. Menos mal porque las contracciones empezaban a ser más que dolorosas. Yo creo que me puse un poco pedo. Tengo un recuerdo borroso de lo que ocurrió después. Recuerdo que nos dejaron solos, y estuve contando a mi chico el capítulo de Ley y Orden que había visto la noche anterior. El anestesista entraba de vez en cuando para ver cómo iba la cosa, y me movía un poco para que la anestesia se repartiera bien. Luego nos dejaba solos de nuevo. Hablamos de varias cosas. Incluso di una cabezada... de repente entra la matrona, me mete mano y me dice que ya estoy completamente dilatada... y yo sin darme cuenta de nada. Lo malo, dijo, es que el niño seguía muy alto. Así que a empujar poco a poco, me dijo. Y se fue.
Entró al rato, y vio que la cosa no progresaba. Se fue de nuevo un poco contrariada. De repente irrumpe acompañada de la ginecóloga, y de más mujeres que no sé quiénes eran. Vienen todas poniéndose los guantes y atando sus batas. "Esto no puede ser, hay que terminar con esto, no podemos esperar más". De repente la cama se transformó en un potro (no sé cómo) y me colocaron en posición. Yo estaba acojonada, y un poco grogui. Ala, me dijeron, a empujar. Ahí empezó lo malo. Como con la epidural no sentía casi nada, me resultaba difícil empujar. La matrona me indicaba cuándo y cómo hacerlo, pero para mí era difícil entender sus órdenes y hacer las cosas que me pedían. No así no, empuja de esta manera, o de aquella... y yo no era capaz de hacerlo. El niño seguía sin bajar y ellas se impacientaban. Yo cada vez me setía más impotente, más débil, más pequeña... Se subieron encima de mí, me hicieron daño... yo tenía ganas de llorar, no sabía qué hacer para ayudar en el parto. Ellas empezaron a hablar de llamar a alguien más para hacer no sé qué (supongo que hablaban de usar pinzas o forceps, o de hacer cesárea...). Venga, me dijeron, un último intento, tú puedes, empuja muy fuerte muy fuerte. Y empujé. Y oí a mi chico "venga, que ya está, ¡¡ya está!!" y yo no entendía nada. ¿Ya está qué? "Que ha salido ya la cabeza" me dijeron todos muy contentos. Venga, uno más y ya. Y efectivamente, empujé y salió. El pobre llevaba tres vueltas de cordón umbilical al cuello... así que no bajaba... Me lo pusieron encima, y yo estaba tan nerviosa que solo pude rozarle. Me impresionó lo grande que era, y me pareció imposible que hubiera salido de un cuerpo tan pequeño como el mío. Rápidamente se lo llevaron las pediatras a examinar a una mesa preparada para eso que había frente a mi cama. Entonces fue cuando entró otra doctora (la jefa de la mía, que creo que era residente) y le dijo: "¿pero qué ha pasado?", y mi gine meneaba la cabeza y decía "no sé, no sé". Por su cara, ya supe yo que algo iba mal por ahí abajo.
¿Qué pasa? Pregunté, y me decían que nada, que nada... bueno, ha habido un desgarro, pero te lo vamos a coser. Yo estaba echada y despatarrada, de manera que veía las dos cabezas urgando en mi interior y cuchichehando. Se tiraron un buen rato cosiendo. Yo intenté coger al niño pero no pude, tuve miedo de que se me escurriera. Además no quiso engancharse al pecho. Lo metieron en una cunita y lo pusieron a mi lado. Eran alrededor de las 17:30. Pesó 3.280 gramos, y nació sanísimo. Era probablemente el niño más guapo que había pasado por esa sala. Pequeño como un ratón, y con una flequillo negro espectacular. Nada más verle, su abuelo paterno que esperaba fuera no pudo menos que decir: pero qué niño más guapo, es el bebé más hermoso que he visto nunca.
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Edito para dar cuenta de sus avances. Cuando tiene ya un año y diez días puedo decir con orgullo que mi ratón come como una lima, duerme fenomenal y anda ya de la manita.
Es un solete. Tiene ya seis dientes y otros dos asoman con fuerza. Así que pasa el pobre malas noches de vez en cuando... Sigue comiendo lo mismo que antes, sus cereales, sus verduritas y sus frutas. En la guarde nos dicen que come fenomenal y que todo genial, pero en casa hemos notado que le cuesta más cenarse los cereales. Yo veo que es que llega agotado a la noche. No para de jugar en todo el día. Y encima hemos empezado la temporada de parque y para qué quieres más. Uy, otro día sigo que parece que le oigo... angelito!! voy!!
Esa tarde lo pasé mal, me encontraba regular. A la mañana siguiente a primera hora tenía cita en la Fundación para hacerme análisis y cheqear mi número de plaquetas, como lo venía haciendo desde hacía ya un tiempo. Un día, mis plaquetas empezaron a bajar de manera considerable, por lo que cada tres días me hacían un hemograma de control y ya de paso monitorizaban al niño. Yo estaba preocupada por este asunto, porque veía que no había un criterio claro sobre el tema. Dependiendo de qué ginecólogo me veía, estimaba más o menos preocupante el asunto. Unos me querían provocar el parto ya, otros preferían dejar actuar a la naturaleza. Yo temía por varias cosas, una por el riesgo de hemorragia en el parto, y dos porque si me seguían bajando no podrían ponerme la epidural.
Como digo, esa tarde me encontraba mal. No podía estar quieta, y solo moviéndome continuamente conseguía apaciguar mis molestias. Era ya tarde y mi chico se fue a la cama. Yo no podía pensar en acostarme, y me quedé viendo Ley y Orden en la tele. Me acosté de madrugada. Puse el depertador a las 8. A y media mi padre pasaba a por mí para acompañarme a los análisis.
A las ocho sonó el despertador, lo apague y pensé remolonear cinco minutos. De repente noté como si se descorchara algo en mi interior, y a continuación calor entre mis piernas. Me di cuenta de que estaba mojada. Era como si me hubiese hecho pis. Había roto aguas. Desperté a mi marido y me levanté chorreando. Me di una ducha rápida y me vestí. Recordé que me había contado una amiga que cuando rompes aguas no sueltas todo el líquido de repente, si no que este sigue saliendo durante rato, así que me puse una compresa. Llamamos a un taxi. Yo iba más serena de lo que me hubiera imaginado. Entramos por urgencias. En la sala de espera (porque me pasaron a la sala de espera) encontramos a una pareja a la que habíamos conocido en monitores. Ella había salido ya de cuentas hacía días e iba a que le provocaran el parto. Nos subieron a las dos a la vez, pero a mí me atendieron antes. Me gustó que todo el equipo me conocía, porque llevaba muchas semanas pasando por allí con controles diversos, y todos fueron muy amables. Me examiraron, y tras comprobar que efectivamente había roto aguas me dijeron que estaba más verde que una lechuga y me mandaron a monitores. Allí, inexplicablemente porque yo no notaba nada, la máquina dijo que tenía unas bonitas contracciones. Tambien me sacaron sangre por el famoso asunto de las plaquetas.
Para mi sorpresa me metieron al paritorio. No sé por qué yo pensaba que tendría que dilatar en otro sitio. El paritorio era un sitio muy frío, en aluminio, lleno de instrumental. Había una cama en la que me echaron, y una cunita en la que escribieron el nombre de mi bebé. Me desnudaron y monitorizaron. Yo estaba helada y temblaba sin parar. La matrona me dijo que estaba muy poco dilatada. Me pusieron una vía, y aunque nadie me dijo nada creo que me metieron oxtocina, porque aquello de repente empezó a doler un poco. Para mi sorpresa el anestesista llegó en seguida. Era un chico muy joven con unas zapatillas muy modernas. Me dijo que mis plaquetas eran bajas pero que no había problema para ponerme la epidural. Yo estaba muy asustada porque me habían dicho que con ese número no debería hacerlo, pues había riesgos, pero pensé: si no me fío de esta gente, que me va a atender hoy, ¿qué hago? así que me fié, al fin y al cabo era el médico.
Me la pusieron en seguida. Yo no dejaba de temblar, y las contracciones me hacían estremecer. Me hizo efecto rápidamente. Menos mal porque las contracciones empezaban a ser más que dolorosas. Yo creo que me puse un poco pedo. Tengo un recuerdo borroso de lo que ocurrió después. Recuerdo que nos dejaron solos, y estuve contando a mi chico el capítulo de Ley y Orden que había visto la noche anterior. El anestesista entraba de vez en cuando para ver cómo iba la cosa, y me movía un poco para que la anestesia se repartiera bien. Luego nos dejaba solos de nuevo. Hablamos de varias cosas. Incluso di una cabezada... de repente entra la matrona, me mete mano y me dice que ya estoy completamente dilatada... y yo sin darme cuenta de nada. Lo malo, dijo, es que el niño seguía muy alto. Así que a empujar poco a poco, me dijo. Y se fue.
Entró al rato, y vio que la cosa no progresaba. Se fue de nuevo un poco contrariada. De repente irrumpe acompañada de la ginecóloga, y de más mujeres que no sé quiénes eran. Vienen todas poniéndose los guantes y atando sus batas. "Esto no puede ser, hay que terminar con esto, no podemos esperar más". De repente la cama se transformó en un potro (no sé cómo) y me colocaron en posición. Yo estaba acojonada, y un poco grogui. Ala, me dijeron, a empujar. Ahí empezó lo malo. Como con la epidural no sentía casi nada, me resultaba difícil empujar. La matrona me indicaba cuándo y cómo hacerlo, pero para mí era difícil entender sus órdenes y hacer las cosas que me pedían. No así no, empuja de esta manera, o de aquella... y yo no era capaz de hacerlo. El niño seguía sin bajar y ellas se impacientaban. Yo cada vez me setía más impotente, más débil, más pequeña... Se subieron encima de mí, me hicieron daño... yo tenía ganas de llorar, no sabía qué hacer para ayudar en el parto. Ellas empezaron a hablar de llamar a alguien más para hacer no sé qué (supongo que hablaban de usar pinzas o forceps, o de hacer cesárea...). Venga, me dijeron, un último intento, tú puedes, empuja muy fuerte muy fuerte. Y empujé. Y oí a mi chico "venga, que ya está, ¡¡ya está!!" y yo no entendía nada. ¿Ya está qué? "Que ha salido ya la cabeza" me dijeron todos muy contentos. Venga, uno más y ya. Y efectivamente, empujé y salió. El pobre llevaba tres vueltas de cordón umbilical al cuello... así que no bajaba... Me lo pusieron encima, y yo estaba tan nerviosa que solo pude rozarle. Me impresionó lo grande que era, y me pareció imposible que hubiera salido de un cuerpo tan pequeño como el mío. Rápidamente se lo llevaron las pediatras a examinar a una mesa preparada para eso que había frente a mi cama. Entonces fue cuando entró otra doctora (la jefa de la mía, que creo que era residente) y le dijo: "¿pero qué ha pasado?", y mi gine meneaba la cabeza y decía "no sé, no sé". Por su cara, ya supe yo que algo iba mal por ahí abajo.
¿Qué pasa? Pregunté, y me decían que nada, que nada... bueno, ha habido un desgarro, pero te lo vamos a coser. Yo estaba echada y despatarrada, de manera que veía las dos cabezas urgando en mi interior y cuchichehando. Se tiraron un buen rato cosiendo. Yo intenté coger al niño pero no pude, tuve miedo de que se me escurriera. Además no quiso engancharse al pecho. Lo metieron en una cunita y lo pusieron a mi lado. Eran alrededor de las 17:30. Pesó 3.280 gramos, y nació sanísimo. Era probablemente el niño más guapo que había pasado por esa sala. Pequeño como un ratón, y con una flequillo negro espectacular. Nada más verle, su abuelo paterno que esperaba fuera no pudo menos que decir: pero qué niño más guapo, es el bebé más hermoso que he visto nunca.
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Edito para dar cuenta de sus avances. Cuando tiene ya un año y diez días puedo decir con orgullo que mi ratón come como una lima, duerme fenomenal y anda ya de la manita.
Es un solete. Tiene ya seis dientes y otros dos asoman con fuerza. Así que pasa el pobre malas noches de vez en cuando... Sigue comiendo lo mismo que antes, sus cereales, sus verduritas y sus frutas. En la guarde nos dicen que come fenomenal y que todo genial, pero en casa hemos notado que le cuesta más cenarse los cereales. Yo veo que es que llega agotado a la noche. No para de jugar en todo el día. Y encima hemos empezado la temporada de parque y para qué quieres más. Uy, otro día sigo que parece que le oigo... angelito!! voy!!
miércoles, 2 de marzo de 2011
Bordeando los 11
Rozando los 11 meses ya. Cómo pasa el tiempo!
Hace ya dos semanas que mi ratón pasó de marine arrastrándose a toda pastilla a bípedo tambaleante. Un día, de repente, se puso de rodillas y pam, se levantó apoyado en el sofá. Minutos antes habíamos dicho que había que bajar el suelo de la cuna ya, porque más de una mañana le habíamos pillado de rodillas en la cuna agarrado a los barrotes, y me daba miedo que un día se tirara. Pues bien, estando su padre realizando precisamente esa operación el ratón va y se pone de pie, como dándonos la razón en nuestros miedos. Lo hizo de manera muy natural, sin esfuerzo y sin miedo. Yo creo que ya lo había hecho antes en el cole.
Desde ese día no hace otra cosa. Se pone de pie agarrado al sofá, a una silla, a la trona (ya se ha dado un par de golpes por eso), a las estanterías (otros tantos golpes en la frente, el pobre, y eso que stoy al quite para evitarlo pero...)... saca los libros y los tebeos de su padre, aporrea la tele... hemos tenido que quitar objetos de decoración y aparatos electrónicos de su alcance, y llenado a tope las estanterías más bajas para que estén muy prietas y no pueda sacar nada. Es un solete petardo que no para de intentar tocarlo todo, cogerlo todo, le encanta la sensación de estar de pie y más de uan vez le he pillado cambiando la mano de apoyo por la otra en plan prueba de estabilidad... Está adorable, e insoportable. No admite un no, a pesar de que lo oye mil veces a la hora: no toques el radiador, no tires de los cables, no aporrees la tele, no pulses ese botón... y cuando le retiras de donde no debe estar llora, patalea y se resiste.
En este tiempo el pobre ha pasado otra otitis y está un poco raro con el sueño. Pasa de dormir toda la noche a pasarse horas llorando sin saber nosotros cómo calmarle. No quiere estar en brazos, ni en la cuna, ni que le mezas, ni que le acunes, ni que le dejes solo ni estar acompañado. Pensé que podía ser hambre en mitad de la noche, quizá esté creciendo y necesite un aporte extra... parece que tampoco. Ni tiene pis, ni calor, ni frío, ni le duele nada. Ya estoy resignada. Supongo que está madurando y eso le hace dormir peor. Su carácter va formándose y a veces no sabe ni lo que quiere. Es una adolescencia a los 11 meses. Supongo que se le pasará (y espero). A esto unimos que por lo que sea come peor los cereales. ¿estará aburrido del mismo sabor siempre?
Por cierto, vuelvo a trabajar por las noches. Es mi sino. No lo llevo muy bien, y paso los días como un alma en pena. Aún me quedan dos semanas así. Seguiremos informando...
Hace ya dos semanas que mi ratón pasó de marine arrastrándose a toda pastilla a bípedo tambaleante. Un día, de repente, se puso de rodillas y pam, se levantó apoyado en el sofá. Minutos antes habíamos dicho que había que bajar el suelo de la cuna ya, porque más de una mañana le habíamos pillado de rodillas en la cuna agarrado a los barrotes, y me daba miedo que un día se tirara. Pues bien, estando su padre realizando precisamente esa operación el ratón va y se pone de pie, como dándonos la razón en nuestros miedos. Lo hizo de manera muy natural, sin esfuerzo y sin miedo. Yo creo que ya lo había hecho antes en el cole.
Desde ese día no hace otra cosa. Se pone de pie agarrado al sofá, a una silla, a la trona (ya se ha dado un par de golpes por eso), a las estanterías (otros tantos golpes en la frente, el pobre, y eso que stoy al quite para evitarlo pero...)... saca los libros y los tebeos de su padre, aporrea la tele... hemos tenido que quitar objetos de decoración y aparatos electrónicos de su alcance, y llenado a tope las estanterías más bajas para que estén muy prietas y no pueda sacar nada. Es un solete petardo que no para de intentar tocarlo todo, cogerlo todo, le encanta la sensación de estar de pie y más de uan vez le he pillado cambiando la mano de apoyo por la otra en plan prueba de estabilidad... Está adorable, e insoportable. No admite un no, a pesar de que lo oye mil veces a la hora: no toques el radiador, no tires de los cables, no aporrees la tele, no pulses ese botón... y cuando le retiras de donde no debe estar llora, patalea y se resiste.
En este tiempo el pobre ha pasado otra otitis y está un poco raro con el sueño. Pasa de dormir toda la noche a pasarse horas llorando sin saber nosotros cómo calmarle. No quiere estar en brazos, ni en la cuna, ni que le mezas, ni que le acunes, ni que le dejes solo ni estar acompañado. Pensé que podía ser hambre en mitad de la noche, quizá esté creciendo y necesite un aporte extra... parece que tampoco. Ni tiene pis, ni calor, ni frío, ni le duele nada. Ya estoy resignada. Supongo que está madurando y eso le hace dormir peor. Su carácter va formándose y a veces no sabe ni lo que quiere. Es una adolescencia a los 11 meses. Supongo que se le pasará (y espero). A esto unimos que por lo que sea come peor los cereales. ¿estará aburrido del mismo sabor siempre?
Por cierto, vuelvo a trabajar por las noches. Es mi sino. No lo llevo muy bien, y paso los días como un alma en pena. Aún me quedan dos semanas así. Seguiremos informando...
jueves, 3 de febrero de 2011
A por los diez meses
Pasan los días, y las semanas, y no quiero que se me olvide ninguno de los avances que hace cada día mi pequeño roedor. Así, rápido, a ver: a tiene las dos palas de arriba, y a la derecha le asoma otro incisivo. Abajo no he conseguido verlo pero estoy segura de que están a punto de salirle más dientes porque no deja de llorar y tocarse las encías con los deditos. De hecho, está pasando muy pero que muy malas noches (aunque de vez en cuando nos sorprende con noches ENTERAS sin despertarse; bueno, ha pasado dos o tres veces solo, pero es un avance, no?).
Ya sabe sentarse solo. Cuando a los nueve meses le llevamos al pediatra y nos preguntó si se sentaba solo, yo pensé que se refería a si se mantenía sentado con autonomía. Pero cuando recientemente he visto el salero con el que pasa de tumbado a sentado, he comprendido que se refería a eso. Pues ya lo hace, y muy bien. Además, le encanta. Está todo el día que si me arrastro que si me siento, que si me arrastro que si me siento... cada vez es más difícil mantenerle dentro de su área (un metro cuadrado más o menos de material plástico de ese de colores tipo puzle, rodeado de cojines, donde hasta ahora pasaba sus raticos). Ahora recorre el pasillo de lado a lado, saca revistas y tebeos de las estanterías, se pone de rodillas agrarrado a la trona, inspecciona cada centímetro de suelo del salón... y lo más gracioso, coge tres o cuatro cubos de tela de un juego de seis de esos de apilar y los arrastra por el pasillo junto con él en plan máquina quitanieves: él avanza a lo comando y con gran paciencia va haciendo avanzar los cubos con él uno a uno.
Su juguete favorito es un calcetín. Le gusta cogerlo, morderlo, agitarlo, estirarlo, vapulearlo, lanzarlo al aire... lo hace mientras le visto por las mañanas y tras el baño, tirados los dos (el calcetín y él) en el suelo, o en la hamaca mientras le preparo la cena. Suele acompañar el juego de gritos, a veces muy altos (los vecinos deben de flipar). Un día, me los llevé a los dos a la cocina para prepararle la cena y les dejñe jugando a mis espaldas mientras les echaba contínuamente un ojo. De repente oigo gruñir al ratón de manera extraña, me giro y me lo encuentro cabeza abajo colgando de una pierna que se le había enganchado en el arnés de la hamaca: había tirado el calcetín al suelo e intentando alcanzarlo se había ido para abajo. Menos ma que la hamaca está a escasos centímetros del suelo. (Tengo que decir que esto mismo hice yo de pequeña cuando mi madre, en un parque, salió corriendo detrás de mi hermano que amenazaba con tirarse al foso de los patos y me dejó sola en la silleta; cuando regresó segundos más tarde yo estaba cabeza abajo colgando del pie: había intentado salir sola y ese era el resultado).
Pasado mañana hace diez meses. Está guapo a rabiar. Cuando me ve me lanza un bracito para que le bese la mano. Es muy risueño. Y desde hace poco hace una cosa que no había hecho nunca: ante extraños que le hablan y le miran, me coge la mano! en plan: no me dejes, defiéndeme!
Es un sol, un amor, un angelito, una cosa hermosa, belleza... ¿cómo he podido vivir tanto tiempo sin conocerle?
Ya sabe sentarse solo. Cuando a los nueve meses le llevamos al pediatra y nos preguntó si se sentaba solo, yo pensé que se refería a si se mantenía sentado con autonomía. Pero cuando recientemente he visto el salero con el que pasa de tumbado a sentado, he comprendido que se refería a eso. Pues ya lo hace, y muy bien. Además, le encanta. Está todo el día que si me arrastro que si me siento, que si me arrastro que si me siento... cada vez es más difícil mantenerle dentro de su área (un metro cuadrado más o menos de material plástico de ese de colores tipo puzle, rodeado de cojines, donde hasta ahora pasaba sus raticos). Ahora recorre el pasillo de lado a lado, saca revistas y tebeos de las estanterías, se pone de rodillas agrarrado a la trona, inspecciona cada centímetro de suelo del salón... y lo más gracioso, coge tres o cuatro cubos de tela de un juego de seis de esos de apilar y los arrastra por el pasillo junto con él en plan máquina quitanieves: él avanza a lo comando y con gran paciencia va haciendo avanzar los cubos con él uno a uno.
Su juguete favorito es un calcetín. Le gusta cogerlo, morderlo, agitarlo, estirarlo, vapulearlo, lanzarlo al aire... lo hace mientras le visto por las mañanas y tras el baño, tirados los dos (el calcetín y él) en el suelo, o en la hamaca mientras le preparo la cena. Suele acompañar el juego de gritos, a veces muy altos (los vecinos deben de flipar). Un día, me los llevé a los dos a la cocina para prepararle la cena y les dejñe jugando a mis espaldas mientras les echaba contínuamente un ojo. De repente oigo gruñir al ratón de manera extraña, me giro y me lo encuentro cabeza abajo colgando de una pierna que se le había enganchado en el arnés de la hamaca: había tirado el calcetín al suelo e intentando alcanzarlo se había ido para abajo. Menos ma que la hamaca está a escasos centímetros del suelo. (Tengo que decir que esto mismo hice yo de pequeña cuando mi madre, en un parque, salió corriendo detrás de mi hermano que amenazaba con tirarse al foso de los patos y me dejó sola en la silleta; cuando regresó segundos más tarde yo estaba cabeza abajo colgando del pie: había intentado salir sola y ese era el resultado).
Pasado mañana hace diez meses. Está guapo a rabiar. Cuando me ve me lanza un bracito para que le bese la mano. Es muy risueño. Y desde hace poco hace una cosa que no había hecho nunca: ante extraños que le hablan y le miran, me coge la mano! en plan: no me dejes, defiéndeme!
Es un sol, un amor, un angelito, una cosa hermosa, belleza... ¿cómo he podido vivir tanto tiempo sin conocerle?
domingo, 16 de enero de 2011
Ya lleva más tiempo fuera de mí que dentro...
Mi ratón ya tiene nueve meses, señores. Y tres dientes. Le han salido tres de las cuatro palas (las de abajo y la superior derecha). ¡Y en la guardería le llaman goltón! Dicen que come como una lima, que ha sido volver de las vacaciones de navidad y empezar a comer muchísimo. Si es que no para. Tiene una actividad frenética. Aún no gatea, pero se arrastra a toda pastilla. Hoy hemos empezado a comer cosas nuevas: pescado (merlucita) y yogurt de leche adaptada. La merluza, triturada junto a las verduras, se la ha zampado muy bien, pero el yogurt no le ha gustado mucho. Será que le parece un poco agrio, al fin y al cabo el yogurt natural así sin azúcar es un poco duro... A ver si poco a poco vamos metiendo otros pescaditos... tengo que investigar posibles combinaciones a ver qué e gusta más. Y un día voy a probar el pavo, en vez del pollo, a ver qué le parece.
Otro gran cambio que hemos notado a vuelta de las vacaciones ha sido el baño: no se quiere tumbar en la hamaca de baño, ahora solo quiere estar sentado. Y si no, llora. Sólo sentado y a su manera. Ya no le gusta salpicar con las piernas, ni que le eches agua en la carita. No sé... cosas de bebés.
Está hecho una belleza. Estoy totalmente enamorada. Es mi pequeño amor.
Otro gran cambio que hemos notado a vuelta de las vacaciones ha sido el baño: no se quiere tumbar en la hamaca de baño, ahora solo quiere estar sentado. Y si no, llora. Sólo sentado y a su manera. Ya no le gusta salpicar con las piernas, ni que le eches agua en la carita. No sé... cosas de bebés.
Está hecho una belleza. Estoy totalmente enamorada. Es mi pequeño amor.
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