miércoles, 12 de noviembre de 2008

Quiero cambiar de vida

Digamos que hasta agosto mi trabajo se desarrollaba en una oficina, y que como ya he dicho en septiembre dejó de desarrollarse a tiempo completo en esa oficina. Hasta ahí bien. Un pequeño cambio de planes no previsto pero bueno, asumible... desde entonces no he tenido ni tiempo ni ganas de volver a escribir aquí. De los dos meses y medio que llevo en este nuevo régimen (se me han hecho como seis años) he dormido en casa aproximadamente el 25% de las noches. Llevo dos meses y medio de hotel en hotel, y de wifi de hotel en wifi de hotel (menos mal que existe internet, y el Facebook, y el correo electrónico... te hacen poder llevar una vida rara pero seminormal de contacto con tus cosas, de comunicación con tus amigos a raticos... ay que horror, me releo y es espeluznante lo que acabo de decir....).


He pedido el hilo. Decía que llevo dos meses y medio viajando sin parar. El curro no está mal (aunque me gusta más hacer otras cosas, no es la faceta que más disfrute de mi trabajo), los compañeros son majos, nos reímos, tomamos cañas... pero una ya no tiene 25 años y cada vez llevo peor esta vida de carretera, que parecemos una orquesta.

Se me acumulan las cosas por hacer, recados banales, otros importantes, detalles claves en mi vida, planes que harían que mis cosas fueran mejor, proyectos que nunca puedo empezar porque no tengo tiempo... me faltan muchos ratos con mi pareja, estar más pendiente de mis amigos, dedicarme a mi casa y a mis cosas... en fin, que después de muchos años vagando sin saber bien lo que quiero, sin tener un plan de vida, cuando empiezo a vislumbrarlo desde luego no se parece en nada a lo que estoy viviendo ahora. Cada cosa tiene su momento, y yo, en este momento, no quiero llevar la vida que estoy llevando.

¿Qué hacer?

1 comentario:

María Magain dijo...

Hola. Bueno,es curioso, que todo lo que comentas me suena muy familiar. En un momento de tu vida solo deseas dejar tu casa, tu ciudad, y viajar por el mundo, pero creo que llega un momento que prefieres volver a casa, hasta que te das cuenta que tu casa es donde tu estás. Hace más de veinte años, después de pasar temporadas en Inglaterra, Francia, aldeas perdidas en la nieve, Salamanca y Madrid, tuve ese sentimiento de querer volver a casa, pero mi casa ya no era mi casa, y yo no era quien había sido, de repente todo había cambiado, y me dí cuenta que Madrid se había convertido en mi hogar, pero por el hecho de que tenía una habitación, y cuatro libros, y además mi perra no quería otro rincón que aquél.
Mi sentimiento de soledad se convirtió en la maravillosa sensación que ya no necesitaba viajar y encontrarme con otras personas para sentirme bien, (y por supuesto la edad hace mucho)
Ahora casada y con niños, mi cabeza no para quieta, y me siento casi libre, es otra historia, y busco otras cosas, no tan diferentes, pero con menos ansiedad. (No me he asentado, y sigo soñando con mis cosas, y mis ideas, sólo han cambiado las estrategias)