miércoles, 8 de diciembre de 2010

Ocho meses de libro

Mi pequeño roedor ya tiene ocho meses. Ahora mismo revolotea a mis pies en busca de queso y de cualquier otra cosa que echarse a la boca. No para quieto. Es puro nervio. Rueda, da volteretas, mordisquea, chupa, se arrastra, vuelve a rodar, grita, gruñe y parlotea, todo esto en milésimas de segundo. Y vuelta a empezar. Cuando le miras sonríe y lanza grititos de puro contento que está, invitándote a morderle el culo o hacerle cosquillas en la tripita o pedorretas en el cuello. Si le haces un "uh" como de susto pequeño se ríe, y si te acercas mucho a su cara sonriendo se carcajea. Luego, vuelta a hacer de las suyas: el rodrillo, el culo p'arriba, el marine herido, la brújula... y todo acompañado de grititos agudos de los que revientan tímpanos, de gorgoritos de todo tipo, de pedorretas de distintas intensidades, a veces de pedos y cuando está generoso de palmitas.

Ya duerme mucho mejor, con agotadoras excepciones como la de esta noche, en la que nos hemos levantado tres veces y la cuarta, a las 7 de la mañana, ha sido la definitiva (.hay que aclarar que hoy es fiesta, por eso ha sido un despertar un poco doloroso, pero de lunes a viernes esta es la hora a la que nos levantamos). Ha habido noches en las que se ha despertado una sola vez. Poco a poco le voy quitando el pecho, y hay días en los que sólo le doy de noche, incluso he llegado a no darle en todo el día. Y si te fijas bien, ya es posible ver un dientecito asomando por la encía inferior. ¡Albricias! Por fin tenemos el primer piño.

La comida va muy bien también. Hemos subido la papilla a 210 de agua más leche y cuatro cucharadas soperas con montoncito de cereales. Una señora papilla que se calza mañana y noche. Hay días que no hemos dejado ni gota, otros nos cuesta un poco más y dejamos un poco. Hoy ha dejado más que un poco, pero le perdonamos. A mediodía a muerte con las verduras con pollo o ternera, que unos días come mejor que otros, la verdad. Y la fruta sigue siendo un must, le gusta mucho. Todo esto en casa, pero en la guarde tres cuartos de lo mismo, o mejor: según nos cuenta su profe se lo come casi todo (y eso que allí las cantidades son mayores que en casa), duerme siesta (milagro) y no para de jugar, arrastrarse y experimentar.

Todo va viento en popa. A ver cuándo se tuerce.

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