domingo, 31 de octubre de 2010

Con los cereales duerme peor

Ayer el pequeño roedor se despertó a la 1, a las 2:30, a las 3:30, a las 5, a las 6... y no sé a qué horas más... el pobre tiene un sueño muy irregular, se despierta llorando, y es difícil calmarle. Su padre le coge en brazos y le acuna. Conmigo eso no vale, y sólo se calma con el pecho. Hay veces que cuando le cojo estoy tan dormida que tengo miedo de que se me escurra entre las manos. Nos sentamos juntos en el sofá y y me recuesto de manera que él quede sobre mí, y yo lucho por no quedarme dormida mientras él se queda frito encima de mi pecho. Cuando está satisfecho escupe el pezón, cierra fuerte los ojos y aprieta los morretes, y eso significa que ya está preparado para volver a la cuna. Hasta dentro de una hora y pico.

De veras que no lo entiendo. Todavía recuerdo con nostalgia aquellas noches de verano en las que nos sorprendía con seis horas, a veces siete, incluso muy raramente y por eso celebradas ocho horas seguidas durmiendo. En ese momento yo lo tomé como un signo de madurez, un paso hacia adelante que marcaría un antes y un después. Luego vinieron pequeños retrocesos, que asumimos como excepciones a la regla, días malos que todos tenemos derecho a tener, fruto de las novedades vividas... pero es que vamos para atrás como los cangrejos, y los excepcionales días malos no sólo se han hecho costumbre sino que están siendo buenos en comparación con lo que estamos viviendo ahora mismo.

Yo no sé qué es lo que pasa, sólo sé que empiezo a mosquearme. No sólo porque estoy muy cansada, que es verdad, sino porque de verdad veo que el niño no descansa bien. Me angustia escuchar esos llantos con los que se despierta. Y no entiendo ese afán, o esa voracidad, no sé, con que me coge cuando le doy el pecho para calmarle. ¿Puede ser realmente que tenga hambre? Es imposible, si cena muy bien. Además, ¿no se supone que los cereales por la noche le iban a ayudar a dormir? Pues no sólo no le ayudan sino que empiezo a pensar que son los culpables de esta situación.

Preguntando al oráculo google, he averiguado que hay más bebés a los que les pasa esto, es decir, que desde que toman cereales por la noche duermen peor. Algunas madres lo achacan a que les dan mucha sed. Otras madres (al parecer mejor informadas) creen que los cereales les aportan demasiadas calorías justo cuando no las necesitan, y que los cereales lo ùnico que hacen es que las digestiones sean pesadas por las noches. Yo no sé si será verdad, sólo sé que la semana pasada, la única noche que el ratón no tomó sus cereales porque se durmió al pecho sólo se despertó una vez. Así que voy a intentar probar esta teoría eliminando los cereales de la noche y pasándoselos a la mañana (o intentándolo, recordemos que conmigo no los come).

Hoy va a ser el primer día del experimento, porque también se ha dormido antes de cenar (estaba agotado de jugar toda la tarde). A ver cómo se da la noche. Mañana reporto.

Y pensar que hace nada sufría precisamente porque no se comía los dichosos cereales...

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Edito: el plan cereales no ha funcionado. Se sigue despertando igual el pobrecico. El lunes probamos otra técnica: darle antes los cereales y luego el pecho. Tampoco funcionó, aunque es verdad que como el pecho le relaja inicialmente parece que se duerme antes, aunque tampoco fue así porque se despertó enseguida.
Estoy muy quemada. Y cansada. Pero como no puedo hacer nada, pues cara feroche al enemigo y ya vendrán tiempos mejores.