jueves, 18 de junio de 2009

El duro arte de dormir de día

Hace cinco años compré mi casa a una amiga. Era una casa antigua con una reforma reciente y su correpondiente ITE pasada. Además, tenía proyecto de ascensor ya pagado. Al final lo del ascensor nos salió rana, porque el elevador estaría pagado pero cuando un día vino Unión Fenosa y dijo que o cambiábamos toda la instalación eléctrica de la finca, con muuuchas décadas a sus espaldas, o no nos daba chicha para el ascensor, hubo que apoquinar el equivalente al elevador por mil. Luego fueron las cubiertas, el tejado, la pocería, la medianería, un patio interior y las acometidas de agua de todas las casas. Ahora están con las vigas (de madera podrida por las miles de fugas de las cañerías antiguas), y mañana será vete a saber qué. Y eso que había pasado la ITE (luego nos dijeron que ningún arquitecto en su sano juicio podría haber firmado esa inspección... ni que la hubiera falsificado el presidente oiga).

Esto que iba a ser un inciso se me ha ido de las manos. Así que volvamos a lo que quería contar desde el principio, que no era sino describir mi situación. Nueve de la mañana, llevo una hora en casa después de pasar otra hora de camino desde mi trabajo hasta casa. Vamos, que está a tomar por culo. La casa arde, a pesar de que me han dejado las ventanas abiertas. La ventilo un poco más abriendo todo de par en par aprovechando que todavía no hace calor, y me pongo el pijama. Pero hete aquí que, como recordaremos, estamos en pleno proceso de intentar que la casa no se venga abajo a base de cambiar vigas de madera por otras de ¿hierro? no sé. Es un proceso caro y muy ruidoso. Total, que aquí estoy, echada en el sofá con el ordenador en las rodillas, sin ánimo de meterme en la cama porque tanto en el patio de la casa como en la vivienda de al lado los obreros están radial de mano cortando todo lo que pillan y rascando pizarras con las uñas (o eso parece por el ruido que hacen). Por si fuera poco, en la calle unos señores destrozan el pavimento con un martillo neumático con un fin desconocido y seguro que inútil. Yo tengo sueño... quiero dormir... uy parece que los de la calle se han cansado de taladrar. Es el momento de intentar conciliar el sueño. Los de las vigas han dejado la radial y han cogido el martillo, que es menos molesto. Me meto al sobre. Buenas noches, o sea, días.